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Más amor, 2008

Por Graciela Guerrero Garay

LAS TUNAS, CUBA (31 de diciembre) - Se apaga ya, dentro de algunas horas, la última casilla de diciembre y otro calendario comienza su ronda de vida con y por nosotros. Momento cumbre de las promesas hechas, metas trazadas, proyectos, sueños, deseos, voluntades. Capitular costumbre de revisar, con modos y mañas, lo que hicimos, pudimos hacer o dejamos pendiente. Llega el 2008.

El Balcón de Cuba, este territorio oriental de Las Tunas, su pueblo, tiene razones para levantar las manos y hacer la ronda de la felicidad. Hemos avanzado. Construcciones nuevas se abrieron al entorno en estos 12 meses que se van. Mejoraron algunas ofertas. Varias entidades ganaron el mérito de Vanguardia Nacional. Muchos jóvenes reencontraron su camino en los Programas Priorizados de la Batalla de Ideas. Y, aún cuando todo pudo ser más eficaz,  hay resultados que deben ser reconocidos y ganan ese aplauso de alegría, propio de una fecha como esta.

Cuba, ese caimán verde inmenso, que adorna las aguas del Caribe, también tiene motivos para estar de fiesta. En medio de grandes retos y desafíos, humanos y sociales, ganamos muchas cosas. Riqueza material y espiritual, amigos, ayudamos a otros hermanos de la tierra, recibimos la gratitud y el apoyo de muchos. Confirmamos la voluntad de ser mejores. Y el 2008 es la senda abierta para empezar a andar. Continuar.

EL Año Nuevo es un regalo. El empeño es mayor, el esfuerzo más necesario. Hay que multiplicar la esperanza, la responsabilidad. Mirar con ojos insomnes lo que mutile el avance, la unidad, la fortaleza humana y económica, para revertirlo en bien común. Nosotros hacemos la jornada, 365 días. Más amor es la fórmula ante la familia y la sociedad.

Hagamos un himno de victoria este fin de año. Gratifica más dar que recibir. Demos amor este 2008 y cosecharemos, poco a poco, esas estrellas de prosperidad que todos le pedimos al nuevo amanecer. Felicidades, hermanos, sigamos adelante con empeño, que el tiempo que se acerca será mucho, mucho mejor.

Vuelve otra vez la memoria sobre el camino escrito, unas con risas, otras con penas. Nuestro, al final. Y nos acurrucamos en la alegría para repetirnos los casi mismos anhelos que sostienen la existencia diaria y nos llevan a la mañana siguiente, que puede ser distinta si realmente queremos que así sea.

Ya no son épocas de hacer orgías suculentas para nada. Son tiempos donde cada espacio compartido entre los hombres debe, casi por necesidad imperiosa, devenir promesa reflexiva que busque la unidad, la fortalezca o la forme, si no existe.

... (... continúa)