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Por Graciela Guerrero Garay         Foto: Yenima Díaz

Las Tunas.- La entrada en la Fase II de recuperación, para bien y como tendencia de una enfermedad convulsa contralada hasta hoy en la provincia, es una señal de haber vencido los principales desafíos, pero no significa que hayamos ganado al coronavirus. Entonces tanta confianza visible por las cuatro esquinas, todas las calles y los lugares públicos, me pone a pensar. ¿De verdad somos responsables y disciplinados?

No me parece, me respondería de un soplón mi nieta.  Y no se trata de las colas. Ya el asunto llueve sobre lo mojado, por las causas fundamentadas y las consecuencias impredecibles. Tampoco es una violación, pues en las actuales circunstancias NO es obligatorio usar el nasobuco a no ser para sitios de aglomeración de personas. Y justo ahí está mi asignatura pendiente: veo demasiados tuneros sin ellos en la calle. Ni colgados del cuello lo traen.

Mientras los observo caminar tranquilos, la “curiosidad” me atrapa con signos de interrogación: ¿Y a dónde van? ¿Harán el trayecto a pie? ¿En las guaguas ya NO hace falta nasobucos? ¿No han entendido que el contagio del Covid-19 es más fuerte, mucho más que el de una gripe o influenza, también muy contagiosos? ¿Será prudente que grupos de niños sin protección compartan juegos en los exteriores de sus casas?

Un cerebro previsor como el mío se antoja de adueñarse de muchos cuestionamientos más.  Sin embargo, al final, lo que vale es la respuesta consciente de mis paisanos, su responsabilidad ante un evento que no distingue edad ni sexo y que, aún bajo un cuño de evidencias promisorias, está aquí y puede fortalecer sus garras con las vulnerabilidades propias del verano, como el calor, las indisciplinas sociales y la lógica pasión por los acostumbrados recreos veraniegos.

No es vivir con miedo, este también enferma, acelera el estrés  y en determinados individuos puede afectar el sistema inmune, un elemento clave para vencer cualquier virosis y entre ellos el SARS-COV- 2, es decir el causante del COVID- 19. Sencillamente, es disfrutar la vida, los meses estivales, el descanso pos- cuarentena, con ese sentido preventivo y precavido, responsable, de que la salud es el don más preciado.

Por eso tiene que haber control desde cada quien. No es seguir el rumbo de lo mismo porque ya no es igual. La pandemia puede estar aquí controlada, pero allí, por un descuido, una desobediencia o el sentido del aire su estornudo puede perjudicar a otros o viceversa. Solo quiero que piense esto y se cuide mientras disfruta el sol y respira la buenaventura de estar sano.