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En uno de los bulevares de la ciudad, con sus diferencias geográficas y urbanísticas, no hay diferencias ante la despreocupación que muestran las personas.

 

Por Graciela Guerrero Garay         Foto: Reynaldo López Peña

Las Tunas.- Somos confiados por naturaleza, quizás tenga que ver con ese espíritu bonachón y familiar destacable en los cubanos y, en determinados momentos, simulador de cierto “aire” de autosuficiencia que provoca en algunos la falsa creencia de que “no les entran ni las balas”. ¡Y con una pandemia invisible y mortal mucha gente en la calle es una bomba de tiempo!

Este martes fui al policlínico Gustavo Aldereguía Lima para actualizar el tarjetón de los medicamentos y ratifiqué lo que ya, en varias ocasiones, es denuncia gráfica en las fotos de nuestro fotorreportero Reynaldo López Peña. O lo insinuaba el tráfico de carros y bicicletas por mi avenida, sin contar los reportajes televisivos de otras provincias.  El asunto no es salir de casa (porque hay gestiones impostergables). Se trata de respetar el distanciamiento social, fundamentalmente, al salir de casa.

Tanteé algunas personas de las colas, adultas todas, y alegaron no querer saber del virus, en una evasión que ni me atrevo a catalogar. Entonces me golpean en la mente las palabras exactas del doctor Francisco Durán, director nacional de Epidemiología del Minsap en Cuba, citadas en el portal Cubadebate: “Si prosiguen las indisciplinas sociales y empiezan a producirse eventos de transmisión, la situación favorable actual puede cambiar”.

Siento que esa confianza trasgrede la percepción de riesgo en los tuneros. Para suerte nuestra estamos entre los territorios de más baja tasa de incidencia. ¿Será así de continuar irrespetando la Ley y las normas sanitarias? ¿Quién no sabe que el nasobuco es apenas un detalle entre los tantos a tener en cuenta ante el coronavirus? No tenemos casos positivos en las últimas semanas, ¿y qué garantiza esta tranquilidad si no tomamos las precauciones al pie de la letra?

El anuncio de que se realizarán pruebas en las comunidades para detectar posibles contagios dice de alguna manera que, para las autoridades sanitarias, hay inquietudes más profundas de las que pueden sugerir los partes diarios. Y si cabe mirar en la dialéctica y la lógica, este lunes se reportaron 17 nuevos casos, de los cuales 15 (el 82,2 por ciento) fueron asintomáticos y tuvieron como fuente de contaminación, excepto uno,  personas enfermas.

No se trata de levantar falsas alarmas, pero crece y es real la cifra de cubanos sin señal alguna de tener el virus. No hay momento en que el doctor Durán lo reitere.

Este martes, en la esperada conferencia de Durán, se registraron 21 nuevos casos de coronavirus, de los cuales el 80,9 por ciento fueron asintomáticos. Las Tunas vuelve a salir invicta, enhorabuena. Empero, ¿significa eso que no existan enfermos sin síntomas? Indiscutiblemente no. El panorama que viví esta mañana por los alrededores de las áreas comerciales (léase bodegas, cafeterías, tiendas shopping y mercados) es inquietante.

En la popular poliservicio Dos Palmas la cola mantenía las distancias. Sin embargo, en “El Éxito” (de la cadena Caribe) no era así. Casi un centenar de personas esperaba para comprar el pollo regulado y, en la acera, buscando la sombra, lo hacían uno al lado del otro. El uso del nasobuco estaba a la orden. Todos lo traían.

En las áreas de los mercados “La Unión” y “Leningrado”, si bien no había “multitudes”, la desobediencia a las normas sanitarias era evidente y los acercamientos innecesarios volvían a ser la manzana de la discordia. Hay que hacer colas, pero ¿por qué solo se alejan con la intervención de la policía y el MININT?

Ya vamos para dos meses de los primeros casos anunciados… ¿todavía no se entiende el imprescindible distanciamiento social? Ahí está el contagio, la propagación, el riesgo y hasta la muerte causada por el Covid- 19. ¿Tendremos que sentir la espada filante del dolor para que nos toquen – o toquemos – la campana?

Las semanas pasan y, en relación directa, las tensiones suben dentro y fuera de casa. Quedarse en ella, a pesar de todo, es el remedio posible. Su vida también está en sus manos. El Covid-19 es una pandemia y nadie puede vivir ajeno. Repito, no es hacer cola. Es saberla hacer desde la disciplina consciente y la obediencia ciudadana que le debemos a la Ley.