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Por Graciela Guerrero Garay        Foto: De la autora

Las Tunas.- Volviste. Lo noté porque miré hacia arriba. Muchos no sabrán que existes. En los hospitales no corre el tiempo y el pálido ruido de los aparatos es más torturante que un roto reloj de péndulo. Tu luz no se cuela por ningún lado, como en los refugios, oscuros y tristes. El miedo es un monstruo, no importa si tu cara redonda sale llena o de cuarto menguante.

Así de cuajada anda la nostalgia y no siempre anuncias el sol. Volviste, con tu propia dimensión de las sombras y la vida, esa que la muerte escoge sin pedir permiso. ¿Habrá un después, después de esta ronda?  Acribillaron toda mi ingenuidad para apostarlo. Pero volviste. Te pido bendición y junto manos.