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Ecos de un Parlamento

Ecos de un Parlamento

Siempre la “puntilla” en el ojo equivocado (I Parte)

Por Graciela Guerrero Garay

La fétida esclerosis vuelve sobre los mismos caminos. No es retórica. Es una realidad abominable, que exige, por deshonesta, enfrentarla con elemental principio profesional, humano y ético. Callar, nos hace cómplices.

El silencio, hoy, debe ser la última alternativa posible de quienes llevan con algún respeto su vestimenta americana y han aprendido, de algún modo, que cuando se habla de unidad para salvar la tierra, defender las mayorías y vivir lo que nos queda como seres inteligentes y avanzados en la escala biológica, hay que gritar la verdad por los cuatro vientos, aunque parezca increíble.

El gobierno de los Estados Unidos y sus  fervientes servidores no aceptan otra cosa que no se parezca a ellos, aunque, cualquiera, con un mínimo sentido común y en la línea límite de normalidad psíquica, se percata del fin y las causas. Por tal de vender su superioridad, arrastrar todo lo que se pueda y anexarse aliados, canjean hasta a quien los sacó del vientre.

Lo cochino del caso es que mucha gente inteligente todavía cree en el ya, por suerte, colapsado “modelo de vida americano”, NO de América, léase bien, sino de los Estados Unidos. A mi me gusta respetar, para que se me respete, aún cuando no coincida con los puntos de vistas “ajenos”.

Empero, las náuseas son inevitables al leer tanta opinión de pacotilla sobre Cuba, que ahora – aunque es una vieja y gastada lucha- toiticos le proponen cambios, le auguran encrucijadas, la ven en tres y dos y se la cuestionan cual filósofos del  siglo XXV, así de lejito en el calendario por aquello de que tiempo futuro debe ser mejor, incluida la filosofía.

Nada tengo contra esa nación y mucho menos contra sus habitantes. En ese país viven muchas personas a las que quiero y valoro por sus virtudes humanas e, incluso, por el noble afecto y admiración por Cuba. El pueblo norteamericano no es el problema, amén de algunos resentidos, otros comprados y los más confundidos.

Entiendo – o creo entender- que derecha e izquierda tipifican la esencia de la ley de “contrarios”. En asuntos normales, algo está de este lado o del otro, pero en asuntos políticos, se forma el fanguero, sobre todo si el país se ha ganado con mucha dignidad, sacrificio, balas, sudor y lágrimas el bautizo de ser Faro de América Latina, acabó con el analfabetismo, convirtió los cuarteles en escuelas, electrificó los montes y poco a poco, en la medida que ha podido, modernizó los más apartados pueblitos de su geografía.

Calzó al campesino, construyó caminos, hizo puentes, repartió equitativamente la comida…hizo y hace tanto esta Revolución de Fidel Castro, que sería interminable este artículo. Y no es perfecta, nunca, ni la más alta dirección del país ha hecho tal asunción, todo lo contrario.

Quien de verdad, sin ego ni tramoya de credo, conoce su historia y es imparcial y justo al valorarla, tiene que decir que en cada discurso público, a cualquier nivel, o en cada análisis de una simple empresa con sus trabajadores, en la cuadra con los Comités de Defensa de la Revolución o la Federación de Mujeres Cubanas, prevalece la exhortación al mejoramiento, la crítica a lo mal hecho.

Esa es una de las tantas razones por la que existimos como proyecto socialista a pesar de tanta guerra de todos los colores a las que nos hemos enfrentado. Y también hemos ganado porque somos mayoría, duela a quien le duela, amén de algunos desagradecidos, otros ambiciosos y los que han decidido partir por mejorar sus vidas.

No se sabe cuantos pagan un precio mucho más alto, del que se quejan tienen acá los productos agrícolas en los agromercados. Al menos, en estos, si no llega a los 20 pesos para la libra de carne de cerdo, puede llevar la media, por diez. En el exilio, tengo varios testimonios, a la nostalgia, por ejemplo, no han podido ponerle precio y menos matarla con una coca cola o arrellanados en voluptuosas butacas de damasco.

Hablamos de cambio…pues, sí, en Cuba hay, con Raúl Castro, como también los hubo con Fidel Castro, muchísimos cambios.  

                                                        (Continuará en próximas ediciones)

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