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Por Graciela Guerrero Garay     Foto: Internet

Tiene catarrito, pero eso no es enfermedad, me dijo con esa ligereza en que solemos muchos mirar la vida y sus fenómenos. Más de una vez, varios conocidos confesaron sus rechazos a seguir las noticias, para “ni enterarme de los horrores que se están viviendo”. En fin, cierta actitud descalificadora hacia eventualidades o sucesos que nos pueden complicar la existencia o aliviar las tensiones, sin premeditar que toda causa tiene una consecuencia.

Y justo en el punto, los estudiosos de patrones de conductas o tendencias sociales señalan que dichos razonamientos se relacionan con la desvalorización de los factores de riesgos, sobre todo si están vinculados a virus, epidemias, dolencias contagiosas, tradicionales o crónicas. Algo así como “eso no me tocará a mí” o “esto es una bobería, no pasará nada”. Dicha confianza – por decirlo de alguna manera- puede llevar a descuidos o reacciones perjudiciales para uno y los demás.

La neumonía de Wuhan o corona-virus no es para preocuparse, es para cuidarse, ocuparse y prevenirlo de manera individual y colectiva, sin alarmas demás, las justas. Su rápida propagación por más de 66 países y una cifra que supera los 87 mil 700 casos (hasta el domingo 1 de marzo, en la tarde) indica, junto a las alertas sanitarias, que hay zonas oscuras en su manera de manifestarse, pues se reportan personas enfermas sobre las cuales se desconoce cómo lo contrajeron. Sucedió en España.

Aunque está descartado que un refriado con secreción nasal y esputo nada tiene que ver con la epidemia, la OMS y las autoridades de salud llaman a tener la información fidedigna sobre la manifestación de síntomas y acudir de inmediato al hospital

El sitio digital Cubadebate señala, por su parte, que las medidas para reducir el riesgo de infección son lavar las manos con agua y jabón o desinfectante para manos a base de alcohol, cubrir la nariz y la boca al toser y estornudar con pañuelos desechables o con el antebrazo, evitar cercanía con personas con gripe o síntomas de resfrío, cocinar bien la carne y los huevos, protegerse al tener contacto con animales vivos, de granja o salvajes, evitar las aglomeraciones públicas y, por supuesto, acudir al médico si sospecha de alguna señal.

Las sintomatologías pueden variar, pero los investigadores indican que el corona- virus trae consigo una tos seca, sin secreción nasal. Al no ser resistente al calor, se recomienda tomar agua caliente a través de té e infusiones y exponerse al sol. Ataca la garganta, con un dolor seco que dura de 3 a 4 días. Al fusionarse con el líquido nasal y gotear en la tráquea, entra a los pulmones y causa la neumonía, con fiebre alta y dificultades respiratorias. Advierten que la congestión nasal no es similar a la normal, sino que crea una sensación de estar ahogándose en el agua.

Enhorabuena, estamos libres de este virus, el cual ya cursa por países de Latinoamérica. Pero no debemos descuidarnos, más cuando los frentes fríos pueden potenciar las alergias o incrementar los refriados. Somos responsables de nuestra salud y, fundamentalmente, de los niños y jóvenes. Vale no tomarse a ligerezas los llamados de atención de prevenir las enfermedades y minimizar los riesgos. El exceso de optimismo también es grave. La medicina que cura es la que precave, nos alertó a tiempo José Martí. Pensemos en uno y los demás.