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Por Graciela Guerrero Garay

Santiago siempre será Santiago. La cuna indómita, rebelde, de la Revolución. Hace ya 57 años que el amanecer de su Santa Ana repartió luz por todo el archipiélago. Este 26 de julio del 2010, de manera especial, Villa Clara y su ciudad capital, Santa Clara, son el oasis de esa victoria de las ideas que llevó el Comandante Fidel Castro a su alegato “La Historia me Absolverá”.

Hay alegría por doquier, porque hay confianza, garantía y pertenencia con el sueño que hace más de medio siglo permite que una fecha como esta  promueva a lo largo y ancho del país un jubileo y una expectativa  tremenda. Los que intentan, desde el norte imperialista, ridiculizar y falsear los sentimientos de los cubanos hacia su proyecto socialista dicen lo contrario. Lo vinculan al tema político y se valen de cualquier situación efímera para levantar sus campañas.

En la Isla los cubanos – la mayoría que estudia y trabaja, y reconoce que sin la Revolución muy poco fuera – cuando gritan en las plazas ¡Viva el 26 de Julio!, sienten una vibración especial, una sensación de pertenencia, porque son artífices de su obra. Porque esa mayoría de la que hablo tuvo que ver con la construcción de esa misma plaza donde se movilizan para festejar  el Día de la Rebeldía Nacional. Y tienen que ver porque se hizo con obreros, con trabajos voluntarios, con apoyo de la comunidad donde está enclavada, con sudor de millones.

Es pueblo, no élite. Es convicción, es principio. Es una continuidad generacional, que en la víspera fue unidad barrial con esas caldosas colectivas que también acontecen en todo el país, tan cubanas como las palmas, tan arraigadas como la misma historia, tan sencillas que engrandecen esa ética cultural que es privativa de una nación que ama lo que tiene, sin dejar al margen sus tradiciones mambisas, empinándose sobre sus defectos, luchando por mejorar sus virtudes.

No es utopía ni capricho político asegurar por los cuatro vientos que Siempre es 26.  El amor es el aliento de la vida, la esencia de los hombres. Desde el indio Hatuey el amor corre, corrió y correrá por Cuba. Se multiplicó en llanos y praderas con Maceo y los mambises. Se universalizó con José Martí y ahora, cuando el odio nazi-imperialista quiere borrarnos de la integración latinoamericana las raíces son más fuertes, más duras, más rebeldes.

Por eso, digan o hagan, resistimos al bloqueo de los Estados Unidos. Nos levantamos como el ave Fénix.  Mantenemos la educación y la salud gratis. Nos renovamos y perfeccionamos. Es la dialéctica de ese mismo amor. Es Cuba y los verdaderos cubanos. Es el pueblo en 26. Es ese grito de fe y combate. Es el Moncada y su victoria de ideas. Es lo nuestro.

Es Santiago de Cuba, Villa Clara, Las Tunas, Holguín, Guantánamo… la Isla entera en 26, con sus modestas obras nuevas, con su transformación perenne, con su rectificación de errores, con sus limitaciones económicas, su modestia y humildad, sus carencias e inventivas, sus quejas e inconformidades. Es Cuba, eternamente Cuba y ese grito de rebeldía único que le renueva la memoria de un amanecer… es la mañana de la Santa Ana… es ese halo firme y tierno, dulce y fuerte que retumbará eternamente: Siempre es 26.