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Frutas, mangos y algo más…

Graciela Guerrero Garay     Fotomontaje: Chela

En Cuba, en los últimos tiempos, un piropo singular se popularizó como el son y la guaracha: ¡¡¡¡es un mango!!!!! Y no es nada extraño escucharlo a diario entre las tertulias y encuentros de adolescentes y jóvenes cuando encuentran o les pasa por al lado alguna chica o chico con rostro angelical y cuerpo atlético o de sirena. Hembras y varones pueden ser ¡¡¡¡un mango!!!!

No es extraño, pues, que a la mayoría nos guste el mango y la asociación con el reconocimiento físico de la belleza humana no sea un disparate. Sin embargo, también en mayorías comemos sin saber hasta dónde nos puede resultar beneficioso o dañino. Esos tesoros míos que son mis amigos de ideas y de fe, una vez más, me traen en las listas esos conocimientos que enriquecen el alma, levantan el espíritu y te aumentan la cultura general, tan vital para transitar por este mundo con un poco más de decoro y sabiduría.

Quise compartirlo, sobre todo para que las generaciones más jóvenes, que pierden por día el útil contacto con esa fuente inagotable de sabiduría que son los abuelos, aprendan lo que mi querida abuela me decía con un criollismo terrible: comer no es llenarse las tripas. Es para tener salud. Y el desarrollo y la tendencia de aplicar hoy la medicina natural y alternativa con un interés argumentado y válido, dicen que mi dulce viejita no estaba equivocada.

En efecto, no se trata exactamente de buscar “mangos”  para romance alguno, sino de contarles que está demostrado que comer la jugosa fruta incrementa la actividad antioxidante y reduce los niveles de triglicéridos en la sangre.  Los estudios del Centro de Investigación en Alimentos y Desarrollo de México (CIAD) confirman que ingerir uno diario es notablemente beneficioso. Lo ideal es cortado en lascas y fresco.

Ya casi se acaba su temporada en Cuba y hay que aprovecharlo, así que a embarrarse de mango y a sentir su dulzor conscientemente. Y quienes estén en otras latitudes, búsquenlo y hagan del deleite una auto sanación. Por acá, en la Isla, llega el tiempo de los aguacates, otro gran amigo de la salud humana, sobre todo la femenina pues cuando una mujer come uno semanal balancea las hormonas, disminuye el peso no deseado después y previene los cánceres cervicales . Igualmente la berenjena y los jugos de peras naturales influyen muy positivamente en el funcionamiento de la matriz y el cuello cervical.

Investigando sobre la fortaleza de la medicina natural descubrí cosas fantásticas y aprendí  que en el tema de tener una verdadera cultura alimentaria nos falta muchísimo a los cubanos. Los huesos, por ejemplo, tienen un 23 por ciento de sodio y el apio contiene esa misma cantidad, pero ¿quién cultiva apio y dónde se vende? Sin embargo,  cuando el cuerpo no recibe el sodio suficiente con lo que comemos, se lo roba a los huesos y los debilita. ¿Tendrá esto que ver con esos dolores óseos  tan generalizados que nos asechan acá?

Por suerte, la mayoría de los cubanos somos “potajeros”  y enseñamos a nuestros hijos a comer frijoles como dieta básica. Estos granos, tan parecidos a los riñones, actúan a favor de los mismos y mantienen la función renal. Y lo curioso de mis indagaciones estuvo justamente en esto: grandes hombres de ciencia, investigadores y naturalistas descubrieron que la fruta o vegetal que actúa de manera notoria en beneficio de un órgano específico tiene alguna semejanza con él. Me llamó poderosamente la atención saber que la nuez ayuda a desarrollar más de tres docenas de neurotransmisores para  la función cerebral y, en efecto, nada más parecido a un cerebro, incluso con sus arrugas y dobleces. Obsérvela  y se convencerá.