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En el barrio las primeras sonrisas

Por Graciela Guerrero Garay    Fotomontaje: Chela

Las tandas infantiles de Muñequitos, tanto nacionales como foráneos, abren las mañanas de algunos canales de la televisión en su programación especial para el verano. Las niñas y niños cubanos, en mayoría, la disfrutan apenas despiertan y se mantienen frente a la pequeña pantalla casi todo el tiempo. Todavía no todos los padres están de vacaciones y el intenso sol y calor inciden en dar preferencia al descanso en casa.

Sucede así en la cotidianidad de muchos hogares, hasta que llega el “receso de los “grandes”. Entonces el campismo, la visita a familiares, las playas, los ríos y las salidas locales a las heladerías, parques de diversiones, cines, teatros o los espacios recreativos de cada lugar se convierten en formas de divertimento familiar.

Ayer fue un día especial. El tercer domingo de julio en Cuba es el Día de los Niños y el agasajo comenzó por el barrio que los vio nacer, donde crecen y se convierten desde el primer momento en el más importante tesoro. Fueron los vecinos, a través de las organizaciones comunitarias y los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) quienes les propiciaron juegos participativos, rondas y bailables con sus recursos propios. Momentos de sencillez y alegría natural que les llegó con cariño y les permitió un domingo de retozo y algarabía colectiva.

Mientras cada comunidad puso en marcha sus propias iniciativas, en los centros recreativos de todo el país y, de manera especial, en las áreas infantiles se desarrollaron diferentes actividades y espectáculos culturales – deportivos, junto a mini ferias de libros, venta de golosinas, proyección de películas y obras de teatro, además de los llamados planes de la calle en los que un grupo de profesores e instructores de Cultura y Deporte promueven competencias colectivas a partir de las diversas manifestaciones del arte y la educación física.

Las mesas cubanas dieron el distingo de estos homenajes a los pequeños. Otra señal de familiaridad y unidad que distingue a los cubanos y que se montan de ahora para ahora. En mi edificio todo comenzó temprano. Primero fue un trabajo voluntario para sacar las aguas estancadas de la lluvia de la noche del sábado de las aceras, contenes y entradas a los pasos de escalera. Luego desde la quinta planta empezó la limpieza general.

Nos unimos todas y todos. Al terminar, Susana preparó el refresco, con un sirope que tenía en su casa. Grisel trajo unas bolas de pan. Kenia inició la elaboración de los pudines. Yo llevé más pan. Marisel trajo azúcar. Leonor hizo el caramelo para el molde. Y en pocos minutos se montó la mesa con el mantel y a poner los platos con las golosinas. Ya los nueve chicos que hay en mi CDR llegaban repartiendo besos y sonrisas pícaras, cuando apareció Noelito con el cake y los Brazos Gitanos, que tan rico hace Noelia, la mamá de El Chino.

Maritza aportó unas pasticas de maní molido y otro pudín que dijo haberlo hecho con crema de leche y unas goticas de vainilla. Estaba divino. Mi nieta Sheila pidió más y Vanessa la imitó al instante. ¡¡¡¡Y a jugar!!!! Los instructores de Deporte habían cerrado la cuadra mientras los platos iban quedando vacíos. Las pelotas de futbol también se terminaron pronto. Consiguieron dueños antes de tocar el piso.

Fue una mañana sencilla. Vital y muy nuestra. Disfrutamos de ver a nuestros pequeños ser tan libres como el viento. Reír sin simulacros. Sentirse en su mundo. Un mundo sin artificios ni juguetes electrónicos. Sin candilejas ni rímel. Nada rimbombante. Un mundo donde el sol los llenó de energías sin sombras de fantasmas ni pájaros negros. Un mundo, como debe ser el mundo: donde el sol sale para todos.