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Por Graciela Guerrero Garay

Ahora no me viene con mucha nitidez aquella canción que habla de viejos mares poblados de ballenas. Tal vez tú la recuerdes, pero no es exactamente eso lo que voy a decirte esta vez, aunque te confesaré detalles sobre estos extraordinarios marinos, que a diferencia de otras especies del mundo animal no hacen parejas, sino grupos de apareamiento que no son estables en el tiempo.

En una palabra, las ballenas son promiscuas y forman conjuntos de cópula donde hay una hembra y varios machos, quienes compiten hasta fecundar a la “novia”  y este ritual los singulariza hasta el punto de que el tamaño de los testículos son los más grandes, en relación con el peso corporal de todo el reino y son los únicos que multiplican su descendencia gracias a la cantidad de esperma que posean, en los que los científicos clasifican como competencia espermática intrasexual.

Y si fuera poco, un adulto podría entrar de pie con los brazos extendidos dentro de la boca de una ballena, que se alimenta filtrando toneladas de agua y atrapando en unas gigantescas barbas que posee todos los microorganismos que ingiere. ¿Qué te parece?