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Por Graciela Guerrero Garay

Los esbirros le temían hasta al cadáver. ¿Cómo explicar entonces que se escondieran en los cuarteles cuando los santiagueros le acompañaron hasta su última morada? El 30 de julio de 1957 los disparos malditos le mataron la carne, pero nada más. Quedó la añoranza de la boda con América Domitro Terlebauca, que preparaban por esos días en la clandestinidad y aquello que escribió a Haideé Santamaría, de que solo le pedía a la vida un mes más para poder dejar bien organizado el abastecimiento de hombres, armas y medios materiales a Fidel y su ejército revolucionario.

Tenía 22 años, y ya era el temible David. Los matones de Fulgencio Batista lo acribillaron a balazos y únicamente lograron que el vil asesinato se convirtiera en una manifestación de dolor y duelo popular, desde la casa de su novia en la calle Clarín, en Santiago de Cuba, hasta el cementerio de Santa Ifigenia, donde lo enterraron al siguiente día. Frank Isacc País García hizo caminos de lucha y libertad por la Patria. Esos, desde que decidió asumirlos, tuvieron el calibre de su fe y la claridad de las ideas. Aquí jamás llegan las balas.

Desde la vida estudiantil ganó el liderazgo y en 1954 fundó la organización revolucionaria Acción Liberadora Nacional, la cual proclamaba la lucha armada como la solución a los problemas cubanos. Un año después, a finales de agosto, visita  Las Tunas para reunirse con el grupo Los 18, constituido en 1953 en estas tierras por la juventud más progresista, decidida a romper con los politiqueros que minaban el Partido Ortodoxo.

Miembros del grupo van a Santiago de Cuba por el IV Aniversario de la muerte de Chibás y se entrevistan con Lester Rodríguez, en lo que fue el primer encuentro de los tuneros con la dirección provincial del Movimiento 26 de Julio. A partir de esa fecha se crean células del movimiento por diferentes zonas del territorio y en los meses de mayo y octubre Frank vuelve a Las Tunas, para chequear los preparativos de la acción a poner en práctica cuando “llegue la hora cero”. Es su último abrazo con sus compañeros aquí en 1956.

Nunca dejó de trabajar el extraordinario “David”, a pesar de tener plena conciencia de cómo era perseguido. Su pasión revolucionaria tenía el objetivo esencial de fortalecer a los combatientes en la Sierra Maestra, por lo cual renuncia a su puesto de maestro y asume la jefatura nacional del M-26-7 y organiza el Levantamiento del 30 de Noviembre en Santiago de Cuba, para apoyar el desembarco del yate Granma.

Fue un puntal clave para el núcleo guerrillero guiado por Fidel, quien al conocer la noticia de su muerte dijo: “¡Qué bárbaros, los cazaron en la calle cobardemente, valiéndose de las ventajas que disfrutan para perseguir a un luchador clandestino! ¡Qué monstruos, no saben la inteligencia, el carácter, la integridad que han asesinado!...”

Junto a Raúl Pujol, en el Callejón del Muro, en una encarnizada persecución, Frank fue vilmente asesinado. Su entierro fue un nuevo himno de unidad revolucionaria y sus palabras parecen dichas ahora mismo: “[…] a remover, derribar, destruir el sistema colonialista que aún impera, barrer con la burocracia, eliminar los mecanismos superfluos, extraer los verdaderos valores e implantar, de acuerdo con las particularidades de nuestra idiosincrasia, las modernas corrientes filosóficas que imperan actualmente en el mundo; aspiramos no a poner parches para salir del paso, sino a planear concienzuda y responsablemente la Patria Nueva […].”

Este es el gigante Frank País, el David clandestino, el patriota leal… el mismo que los tuneros tuvieron el honor de estrechar manos y seguir su ejemplo. Por estos días de julio la historia no es un mito, es Patria…Humanidad.