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Por Graciela Guerrero Garay        Fotos: De la Autora

La cuestionada infancia en Cuba es feliz, aunque campañas de todos los colores quieran tomar con pinzas sus “puntos negros” para atacar las proyecciones de una nación que escogió el camino socialista y apostó por la justicia social, sin que ello presuponga que todo está perfecto ni que los cubanos en su totalidad aprovechen de manera inteligente y correcta las oportunidades que le brinda la sociedad y sus políticas humanistas y revolucionarias.

El pequeño Jorgito, por ejemplo, acaba de cumplir su primer año. Por casa, hicieron la fiesta y los mimos de siempre se multiplicaron y acompañaron de esa palabra que encierra más amor que los regalos: ¡Felicidades! Un golpe de pura energía que entregamos, a  veces sin saber, a esos tesoros que forman parte de nosotros.

Muchas razones justificaron la algarabía y las sonrisas. El niño nació con una anomalía congénita, en una familia humilde y trabajadora, de padres jóvenes y profesionales, quienes hubiesen tenido más angustias de las permisibles si vivieran en otra nación de América Latina por lo costosa y compleja de la operación, más cuando Jorgito espera por otra cirugía para llevar el intestino a su lugar definitivo. Ocurrió en el hospital pediátrico Mártires de Las Tunas con total éxito, cuidados y gratuidades.

Las aulas de preescolar, aún con sillas que a pesar de las reparaciones pueden tener algún tornillo flojo o con juguetes creados por las mismas maestras con poliespuma, a falta de los originales pues esa palabra llamada BLOQUEO es un monstruo a la hora de hacer dividendos e inversiones,  son el ejemplo de la auténtica respuesta a la pregunta de qué garantías gerenciales tienen niñas y niños en la isla.

Observar el cuidado que reciben en cualquier lugar es la mayor enseñanza de humanismo que irradia la Cuba Socialista y en territorios como Las Tunas, donde su despliegue urbanístico se enmarca después de la División Político Administrativa, en 1976, estos derechos a la felicidad y a las esencias de darle lo mínimo imprescindible para crecer saludables -  digo atención médica, los ciclos de vacunación, la educación, la protección social y familiar – son palpables y visibles en los índices de la natalidad infantil y la mortalidad en los primeros años de vida.

La educación primaria, el Programa Educa a tu Hijo y la enseñanza obligatoria hasta el noveno grado, con opciones de continuidad de estudios más fortalecidas y realistas a partir de las necesidades de cada lugar y potencialidad de empleos, corroboran los avales del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) dados al país sobre la escolarización, la salud y la alimentación, reconocimientos que parten a la mitad las campañas mediáticas al respecto.

Una información difundida por TeleSur dice que “Cuba se convierte en el único país de América Latina y el Caribe, que no presenta el grave problema de la desnutrición infantil severa, de acuerdo con el reporte del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), bajo el título de Progreso para la Infancia, Un balance sobre la Nutrición.

Entonces, salgo al balcón, en mi ciudad de Las Tunas, y los veo venir en grupos de la escuela al filo de las 4 y 30 de la tarde, seguros, sin temor a las bombas, ni a los secuestros; sonríen, saltan, se tiran algunos de las mochilas o se detienen a despedirse con un beso… con todas sus humanidades libres. Respiro el aire de la tarde y doy gracias porque mis hijos, nietos, Jorgito y miles de pequeños más nacieron en esta Isla. Sobran argumentos y cuartillas.