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Por Graciela Guerrero Garay          Fotos: De la Autora

No hay metáforas. Todo es volver. Va a luz, suspendido en las manos de los ángeles, como las palomas. Trina ahora en cualquier parte. Las carreteras están llenas. Los más viejos cuentan que es como aquella vez. Lo describen. Quieren tocarlo. No va solo, jamás anduvo solo. La vida es un mago. Son miles los que estaban en la alborada de enero y están ahora, pero ahora son más. Miles más.

El mismo camino e idénticas pasiones. ¿Quién no sabe que las tristezas hondas son como las alegrías verdaderas, las auténticas? Humedecen los ojos, sacuden las entrañas. Te transportan. Te enmudecen. La emoción galopa. Ondea como las banderas. Acerca el infinito. Puede – es- lo real maravilloso que dibujó Carpentier. O aquel soneto de Neruda escrito para siempre… “No te toque la noche ni el aire ni la aurora, sólo la tierra, la virtud de los racimos, las manzanas que crecen oyendo el agua pura, el barro y las resinas de tu país fragante.”

Regresas a la luz, Comandante, como pocos tienen el privilegio de vivirlo. No es un mito, porque es cierto. Aquí hay pueblo de todas las edades. ¡No se habla de muerte donde hay tanta vida! Hay que repetirlo, Comandante.  Cada rincón de este archipiélago ha sentido tu victoria renovada. Es un viernes de fuerza, de promesas, de un Granma. Es un dos de diciembre, el oasis del fuego, la libertad y el alba.

Busco en el diccionario alguna palabra exacta. No existe, quizás esté gestando ahora su decir de mañana. Para nadie te marchas, simplemente regresas, con el fusil en alto y el grito del Moncada. Es tu pueblo rebelde, Las Tunas nunca esclava. Es el amor de un grito… Fidel, Fidel. Es la voz y el silencio, el juramento claro. Es volver con tu luz en esta caravana, sobre las mismas huellas, seguras, alumbradas.

Es como dijo el poeta en una de mil batallas… “ya no habrá sino todo el aire libre, las manzanas llevadas por el viento, el suculento libro en la enramada, y allí donde respiran los claveles fundaremos un traje que resista la eternidad de un beso victorioso”. No es un mito, porque es cierto. Regresas a la luz, querido Comandante. Ahí van tus cenizas a continuar la historia y la muerte no existe, y no estamos vacíos. Nuestro Apóstol te espera y marchamos contigo.