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Por Graciela Guerrero Garay    Fotos: Cortesía del  Entrevistado

Por estos días las noches se le hacen largas cuando no está de guardia en el CDI. Tiene al barrio, sus padres, la familia, los amigos y la ciudad prendidos de la retina. Acaba de llegar de vacaciones, después de un año de intenso trabajo en Barinas, el Estado donde cumple su misión Barrio Adentro como médico intensivista.

Por la casa todavía anda su perfume y en la comunidad pasea con sano orgullo esa buena onda de los jóvenes que empinan el talón y saltan sobre su juventud, apenas salida de la adolescencia. Idemaro Mailon se extraña. Apenas tuve unos minutos para conversar de prisa, entre el tiempo que pretendió multiplicar durante su descanso.

 No habla mucho, él es de quienes prefieren hacer a decir. Quizás por ello pocas horas antes de partir hace ya dos años, cuando fuimos a buscarlo para esta entrevista en el policlínico Gustavo Aldereguía, donde pertenece,  decidimos no interrumpirlo. El Cuerpo de  Guardia estaba lleno y los cubanos, no dados al silencio, comentaban. Ese día Idemaro se estrenaba como médico. Conversamos con los pacientes que salían de su “primera prueba de fuego”.

Los escogidos al azar coincidieron en algo que le marca su profesionalidad: “Me mandó de todo. Es joven pero se ve que es un buen médico” y una anciana, que llegó acalorada y con una hipertensión severa, al salir de la consulta fue concreta: “me voy satisfecha, hasta electro me hizo y fue allí donde me mandaron a sentar, como dos veces para ver cómo seguía”.

Ahora cumplimos aquel pacto de encontrarnos al venir de vacaciones. “Venezuela ha sido y es una gran experiencia para mí. Lo primero que hice al llegar fue ir al cuartel de la Montaña. Quise ver con ojos propios lo que ya había vivido delante de la televisión.  Es algo muy emocionante. No tengo que decir lo que significa Chávez para nosotros, y lo demás es ejercer lo mejor que pueda, aquí y allá…”

Puede que en el  CDI “Manuel Palacio Fajardo” este galeno tunero tampoco estrene sonrisas demás. Sin embargo el frenesí con que cuenta sus vivencias y se entrega a la profesión no deja dudas de que hace, cada día, el mayor de sus esfuerzos para dignificar a su querida Cuba y aliviar los males de los pacientes. No por gusto terminó  su carrera con Titulo de Oro, mereció el  Diploma de la Vanguardia “Mario Muñoz Monroy” y aprobó, con excelentes notas, el Diplomado de Terapia Intensiva.

Para sus padres, los licenciados en Historia y Ciencias Sociales, Giselda Bárbara Mir e Idemaro Tamayo el sano orgullo de tenerlo le brota como manantiales, en medio de una ausencia que parece infinita y más ahora cuando las vacaciones volvieron a traerlo a casa y toda esa luz de “Idemarito” alumbró cada segundo del mes que estuvo acá.

“Cumplí mis sueños.  El deporte y la Medicina siempre estuvieron en mí. Primero gané la medalla de oro en la IV Olimpiada Juvenil de Karate-do, y después decidí no quedarme ahí y perseguir mi otra meta. Me preparé para los exámenes de ingreso y ya estoy aquí, graduado y con la alegría enorme de estar en la tierra de Chávez.

“Cada día uno pone en práctica todo ese conocimiento adquirido. Hice ayudantía en la especialidad de Medicina Interna con la profesora Isora Sánchez, a quien nunca olvido por su tenacidad, enseñanzas y ejemplaridad en todo.  Tampoco dejé de participar en una campaña de salud ni de cumplir cualquier tarea que me asignen.

“No dejo de practicar deporte ni tampoco donar voluntariamente sangre. Me gusta sentirme bien conmigo mismo y servir a los demás. En mis padres vi siempre ese ejemplo de trabajar conscientes y hacer el bien. Todavía me faltan dos años para terminar mi misión, pero a pesar de todo lo que uno pueda pasar en asuntos de emociones y añoranzas no descansaré hasta cumplirla como me prometí a mí mismo, a mis padres y a la Revolución”.

Nos despedimos ya casi a punto de partir nuevamente a la hermana Venezuela, y sentí que es mucho más hermoso que la joven figura que nos regala su presencia. Es un dador de luz y crece,  en la medida que sus manos hacen milagros de ternura y clínica para ver en los rostros de otros la sonrisa bonita que me regala.

No me es difícil imaginarlo ahora en Caramuca, un poblado del municipio Barinas, tocándole la cabeza a un niño o una niña. O saludando a cualquier habitante del pueblo. Idemaro  es un joven y educado galeno que llena de energías nuevas palabras que serán siempre parte de esta historia… Cuba, médicos cubanos, CDI, Misión Barrio Adentro, Venezuela, Las Tunas… y por eso multiplica el divino poder de la paz y la vida.