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Por Graciela Guerrero Garay   Fotos: De la Autora

Me sorprendieron, como le sucede a decenas de tuneros y turistas. Por primera vez en esta ciudad Balcón del Oriente de Cuba, las palomas vuelan por la Plaza Cultural, un hermoso espacio donde antaño fue la pista bailable “El “Anoncillo” y muchas generaciones hicieron sus ruedas de casino bajo las estrellas, con el diapasón de orquestas llegadas acá en carnavales, giras o fechas especiales.

Estaban ahí, cual el perro que no esquiva la compañía del hombre. Gallardas en su elegante plumaje, familiares, mientras comían sus granos de maíz sin huirle al transeúnte y dispuestas a quedarse en mi lente, prisioneras para siempre.  ¡Linda idea!, como el Proyecto Imagen, una inversión valiosa y necesaria en la tierra del gran poeta bucólico Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé, recién homenajeado en la Jornada Iberoamericana de la Décima.

Palomas… cautivantes, a pesar de que trasmiten enfermedades y las medidas preventivas jamás deban descuidarse en el entorno.  Un ritual que gana adeptos a tres años de andar en la Plaza – según me indica el Historiador de la Ciudad, Víctor Manuel Marrero Zaldívar – y este verano deviene atractivo favorito para la grey en los paseos de cualquier día de la semana. ¡Están de vacaciones!

Quizás este sentimiento colombófilo popular tarde más tiempo en afianzarse en la Ciudad de Puertas Abiertas, la Capital de la Escultura y la dueña absoluta del primer Parque Solar de Cuba, la Plaza Martiana, otra joya de historia y espiritualidad que recuerda, a través de la luz, efemérides vinculadas a la vida y obra de José Martí. Pienso, al suponer la idea, en la Plaza de Armas en La Habana, donde es fuerte la tradición de que niñas y niños lleven chícharos o arroz para alimentar estas bonitas aves.

O en la de San Francisco, sobre la cual cuentan que las quinceañeras van vestidas con trajes “de época”, a tomarse allí fotos de ese momento cumbre. No lo se con certeza y puede ser cursi hasta suponerlo.  Lo cierto es que la amplia Plaza Cultural de mi Balcón Oriental, el terruño que se transforma constantemente en este siglo XXI y a veces ni lo percibimos, regala la compañía de hermosas palomas buchonas y sus impredecibles vuelos, en manadas o individual. Un espectáculo alegre y genial para valorar las especies con las cuales compartimos la vida.

Detalle singular de un ardiente verano y con atractivos suficientes – muchísimos más que en anteriores décadas- para disfrutar de un turismo de ciudad llamativo, culto, multifactorial y emocionante. Con paz y entre la paz de ser de los tuneros y quienes la visitan… ¡Vuelan las palomas!... Ahora la Plaza tiene más historias que contar.