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Por Graciela Guerrero Garay      Fotos: De la Autora

Los tuneros tienen la sensación de que se ahogan. Muchos le han cogido tal miedo al sol que me recuerdan, al verlos, a ese “hombre del saco” con quien nos metía miedo la abuela para que no fuéramos a jugar cerca del pozo, algo inevitable para  los nietos cuando íbamos a pasar las vacaciones a la finca y nos atraía aquella abertura profunda, donde el tío dijo que dormía el eco del duende.

Sombreros grandes de yarey, espejuelos oscuros, camisas de mangas largas y hasta guantes. Otros encapuchados bajo paraguas, algunos al estilo de las sombrillas playeras. Bueno, no son para menos estos atuendos. Los termómetros andan en los últimos tiempos por encima de los 32 grados y el aire, a veces bien fuerte, parece salir de un horno y no refresca el ambiente.

Este jueves, por ejemplo, el segmento dedicado al Tiempo en el espacio informativo del  Noticiero Nacional de la Televisión anunció 35 grados para esta oriental provincia cubana, mientras la vecina Granma pronosticaba 36 y el indómito Santiago de Cuba superaba a ambas. Por estas regiones de Cuba predominan, tradicionalmente, temperaturas más calientes que en el resto del país, aunque este verano no quiere perdonar a nadie y hasta los habaneros hablan de un calor insoportable.

Pero el amanecer es otra cosa. Entre el rojizo que baña al horizonte con la llegada del sol y las pálidas brisas besándote el rostro, cualquiera imagina que la ciudad no despertará con la furia del fuego. Es como el Punto “G” del día que te espera, me dice mi vecina e investigadora en Psicología Leonor Báez Sánchez “porque disfrutar de un amanecer, sin eventos traumatizantes o impositivos por circunstancias anómalas, es un sedante. Según la personalidad, hasta puede ser un canal emocional para llenarse de buena energía”.

Decidí, pues, buscar ese contraste hermoso de la naturaleza que una mayoría de los tuneros espera bajo las sábanas, aunque un simple sondeo investigativo arrojó que quienes vivimos por estas tierras del Mayor General Vicente García somos madrugadores, al tiempo que gustamos dormir las mañanas en los meses de vacaciones.

De cualquier manera, las fotos del amanecer de este viernes atrapan con la magia del nacimiento del sol, en ese infinito tangible para quienes le reciben con la esperanza de que no los castigue mucho durante su paseo diurno y le regale otro rojizo y redondo rostro en el crepúsculo, mientras espera a la luna en el oeste de la ciudad.

Pero nada, con sombrillas o paraguas, encapuchados o disfrazados como el hombre del saco o el espantapájaros del abuelo Juan, la temperatura en Las Tunas promete subir la “loma” y mantener el sofoco de un mes donde, desde siempre, las festividades del 26 de Julio y el veraneo familiar calientan la vida cotidiana, llevan multitudes a playas y ríos y el intenso calor no cuenta, porque el Punto “G” es la cumbancha cubana y suenan los tambores, como dice la popular y contagiosa canción de Laritza Bacallao. Ah… y nadie se ahoga, disfruta el amanecer.