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  • La escuela primaria Tony Alomá Serrano, de esta ciudad capital, es una hermosa muestra del sistemático y loable trabajo que logran los Instructores de Arte en sus radios de acción, luego de la feliz iniciativa del Comandante Fidel Castro de crear este Programa como parte de la Batalla de Ideas.

Por Graciela  Guerrero Garay      Fotos: De la Autora

Admiro la sencillez con que el amor moja los ojos cualquier día y, más,  en los momentos especiales.  Quizás por eso me parece una proeza titánica que sin juegos de luces, mamparas, telones de fondos o alfombras tanto talento y sacrificio saquen lágrimas, risas, arranquen aplausos y quede en el corazón una satisfacción enorme, con el único pago de un abrazo largo, un beso y ese recuerdo que nadie olvidará.

Lo mismo puedo decir de la magia de las acuarelas para pintar una gatica mimosa, de los cartones coloreados convertidos en sombreros, orejas  de conejos, lazos de princesas, alas de mariposa, disfraces, antifaz… sobre un escenario de baldosas, las cuales hacen el camino cotidiano hacia las aulas, laboratorios, áreas deportivas, biblioteca y los restantes locales de la escuela, sin contar que los atuendos se cuidan para ser “heredados” de curso en curso por quienes llegan después.

Es una cadena de milagros, porque recursos no hay, al menos para cambiar cada año y botar los que se deterioran. Deben remendarlos y dejarlos como nuevos. Justo eso hacen las profesoras de teatro Yudith Molina Peña y  Yailenis Suárez, de danza, para mantener sus grupos y que la escuela primaria Tony Alomá Serrano, donde trabajan como Instructoras de Arte,  no pierda esa continuidad cultural alcanzada desde que fueron ubicadas allí para ejercer sus especialidades.

Lo singular de estos partos de amor y entrega consiste en la mirada larga que le echan al trabajo, integrando a los niños cuando ingresan al preescolar  y, de esta manera, evitar los tristes vacíos que suelen darse al pasar los alumnos a la secundaria básica o trasladarse de centro, además de lograr una diversidad de edades digna de admirar por la armonía y el compartimento de roles, enriquecedor y válido.

El resto viene por sí mismo. El talento se fortalece con los ensayos sistemáticos, el aprovechamiento de las horas- clases, el protagonismo en las actividades culturales de cualquier índole y la asistencia a los proyectos comunitarios.

Nuevas obras y personajes más complejos salen a cautivar a maestros, familias y comunitarios, en un arte que dejó de ser eventual para llenar de candilejas los pasillos de la “Tony”  con ese halo divino de las niñas y los niños, más cuando el talento está en la piel y en el corazón se siembran semillas de virtud y pertenencia por nuestra cultura.