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Por Graciela Guerrero Garay   Foto: De la Autora

Quizás para entonces era una chiquilla algo menuda con unos ojos tremendamente curiosos y expresivos. El tiempo no le ha quitado ese poder a su mirada, como tampoco la nobleza del corazón ni los gestos que acompañan sus palabras.

No necesita confesar que llevaba por dentro el evangelio de enseñar y compartir con los demás las virtudes que le marcan. Basta observarla, hasta de lejos, para sentir esa ternura peculiar que la envuelve al sentirse rodeada de niños y niñas, no importa la edad ni el grado que cursen.

Tampoco nadie crea que escribo con sobre adjetivación estas líneas, pero hay seres que para retratarlos tal cual son te obligan a violar ciertos “requisitos” del oficio y hasta simular que hilvanas letras para buscar cierto impacto. Ramona Azzé Rodríguez, Máster en Ciencias de la Educación, no necesita de recursos de estilos ni superlativos. Ella es maestra de la cabeza a los pies. Una maestra, así de sencillo.  

En la escuela rural Mártires de Viet Nam, en un campito conocido como Santa María, por la línea del ferrocarril que une a esta capital con la cabecera del municipio Manatí, estudió hasta el sexto grado y allí mismo, en 1971, comenzó a trabajar como educadora multigrado. Nunca más dejó de tener libretas, libros, registros de asistencia, materiales escolares y amor legítimo por su desempeño.  

LAS COSAS DE ESTA CUBANA

Entre su apretado tiempo y el mío para realizar la entrevista, apenas me deja margen para entregarle un amplio cuestionario, en el cual pretendía recoger cada detalle de su intensa labor pedagógica y los momentos relevantes de su trayectoria laboral, reconocida con las Medallas Rafael María de Mendive y Por la Educación Cubana, así como el Sello de Educador Ejemplar.

Otra vez volvió a sorprenderme. A cambio, me devolvió un escueto resumen escrito a mano… ¡en un cuarto de hoja de libreta!, donde comprimió sus horas de superación constante y los miles de kilómetros recorridos por los pasillos de las escuelas para chequear clases, conversar con los alumnos con problemas, los inadaptados al matricular en preescolar, los padres, sus colegas y andar detrás de cuanto pueda malograr cada día el proceso docente educativo.

Sonreí, pues llevaba tiempo intentando sacar a la luz su magisterio y ella con lo mismo: “para el curso que viene”. Y si bien la modestia está entre los buenos atributos de su personalidad, lo hacía porque ama con vehemencia a los niños y su profesión y le es tan normal como levantarse y caminar al sol.

OTRO AMOR DE SUS AMORES

En Ramona todo es natural, desde el regaño justo hasta el merecido halago a quien hace bien las cosas, sean educandos o educadores. Sin embargo, cuando en el curso escolar 2013-2014 resultó seleccionada como la Mejor Maestra Promotora de la Lectura en la provincia Las Tunas encontré que era el mejor ganado de todos sus reconocimientos. ¡Había que verla en los Festivales por la Lectura!, en la escuela primaria Tony Alomá Serrano, de esta capital, donde lleva 35 años trabajando y tiene historia frente  a un aula, como subdirectora, jefa de Ciclo y Psicopedagoga.

Con un sencillo marcador y una frase escogida de José Martí, un trozo de texto, el título de una obra, el nombre de un autor, un pensamiento… movía las emociones de los alumnos, colegas y familiares en los matutinos. Pero después, en otra de esas jornadas dedicadas a promover el interés por leer, se “disfrazaba” y llegaba a la plaza cargada de libros, tal como si fuera una “vieja biblioteca” y los repartía indistintamente entre “sus muchachos” con la sapiencia de poner en las manos de cada uno lo apropiado a su grado y edad.

Mucho tienen que ver sus iniciativas con el nombramiento de este centro escolar como referencia nacional en ese sentido, pues también involucraba a los padres y no descansaba hasta verlos identificados con la lectura. Tampoco es casual que integre la Avanzada Científica de Las Tunas y que su labor metodológica sea punto de mira dentro del MINED.

UN DÍA Y OTRO

Su buró está lleno de papeles, no exactamente blancos. Jamás la encuentras con un minuto libre. Ahora en un grupo, luego con los maestros, aconsejando a un alumno, con la directora…aquí, allá…y esa ternura interminable en las buenas y las malas, como imagino a las maripositas besando a diario las flores silvestres de su natal Santa María, donde creció para amar lo que es y a donde vuelve para nutrirse del riachuelo de sueños que la llevó a ser Ramona, una maestra de la cabeza a los pies.