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Por Graciela Guerrero Garay    Foto: Cortesía del entrevistado

Cabalga. Le encanta cabalgar entre la maleza y aspirar cada sorbo de clorofila que traen las gotas de rocío. No despierta. Sueña con las leyendas y los caciques, con el machete y el tambor. Su mente va y viene, tal el carrusel de recuerdos que hacen cosquillas en sus madrugadas desveladas. Tiene que levantarse…

-          ¿…?

-          Soy holguinero. Vine a Las Tunas graduado de Makarenko en 1971, a trabajar como maestro, en el antiguo Regional Amancio. 

-          ¿Algo especial que repiqueteé por ahí desde niño…?

-          Pensaba ser Ingeniero Industrial, pero me hice maestro porque era lo que hacía falta. Mi procedencia es campesina. Mis padres eran campesinos humildes, con una extensa familia de ocho hijos y al triunfar la Revolución se abrió en mi cuartón rural de Arroyo del Medio, del municipio de Báguanos, la primera escuela y ahí estudiamos todos”.

Mueve las  manos. Gesticula despacio. Abre un libro o desnuda un verso. No me dice. De vez en vez, su mirada verdosa me parece un camino…

-          ¿Siempre andas como levitando? ¿Catarsis o una mente inquieta…?

-          “Siempre pienso en alguno de los temas que trabajo, pero me refugio principalmente en la poesía que es como ese riachuelo que te refresca, imanta y transporta”. 

-          ¿Algo que disfrutes en cualquier tiempo…  niño, joven, adulto…?

-          “Las historias de mi abuela paterna, mambisa de la Guerra de 1895. A mi abuelo paterno no lo conocí, pero ella nos contaba en sus charlas de atardeceres las historias de la guerra. Aprendí a amar las hazañas del mambisado y también amé a Cuba desde niño, es decir, se me fue forjando un sentimiento de patri-localidad, se fueron conformando mis pensamientos identitarios, por eso defiendo tanto la identidad”. 

Siento que otea los bohíos y San Juan se le hace sangre de machete en el pecho. Suspira. Ha hecho mucho en pocos años. Su currículum es un amasijo  de metas y desafíos, logros, esfuerzos, reconocimientos, empeños… insomnios.

-          ¿Qué hay bajo la piel de este hombre?

-           “Un perpetuo enamorado de la historia de mi país, y la defiendo a ultranza.  A Las Tunas llegué en 1975 y me interesé por la historia de la ciudad. Así poco a poco la fui divulgando y gané este lugar sin proponérmelo. No soñé ser historiador, no era posible. El 24 de septiembre de 1985, la Asamblea Municipal del Poder Popular me nombró oficialmente como Historiador de la Ciudad, de modo que este año estaré cumpliendo 30 años, los mismos de creada la Oficina. 

-          ¿Y dónde aparece el escritor…? ¿Existe todavía algún libro que sientas que no has escrito?

-          “Tal vez me falten más de uno, pero estoy enfrascado en una novela de corte histórico y pienso que será algo importante para mí, pues me gusta la narrativa y siempre me he dedicado a los ensayos de la Historia. Quisiera publicar uno de mis libros inéditos de cuentos; tengo tres terminados, dos para adultos y uno para niños”.

Tal vez fue un gnomo quien un día tomó su pluma y no dejó que fuera a meditar en su sillón con un papel en blanco. O, quizás, salió un hada de sus colecciones de miniaturas que ama tanto. Lo que sé, porque lo saben todos, es que el romántico historiador de Las Tunas ha publicado más de 25 libros y cuando menos se espera empieza a entregar manuscritos por doquier.

-          La poesía, ¿es solo un signo de catarsis?

-          “No; tengo un poemario concluido, pero estoy trabajando en una biografía de Vicente García, un libro documentado que ya rebasa las 600 cuartillas y que lo presentaré a la editorial Ciencias Sociales, pues creo será importante para Cuba saber de la documentación aún inédita que tenemos por publicar del Mayor General”.

Silencio, le gustan los silencios. Regodea la palabra y el verde amelcochado de sus ojos destella un leve fulgor, casi imperceptible para quienes tratan de penetrar a todo un personaje en este terruño del Oriente. No hay timidez cuando confiesa que tiene pocos secretos y es un enamorado de la vida, la familia y el trabajo. Un buen guajiro reyoyo flechado de su país, tal como afirma.

-          ¿Más proyectos…?

-          “Casi he terminado un libro, resultado de mi viaje a Venezuela en el 2007, que se titula “Los cubanos de Río Chico”, con la historia de la colonia cubana que funcionó allá entre 1878 y 1895”.

Incansable. Se mueve por la ciudad como si de pronto fuera a caer en cualquier esquina algún hallazgo que lo llevara al último escondite aborigen y, luego, contarlo por los cuatro vientos. Entonces olvida su licenciatura en Historia o tener a  buen resguardo su Premio a la Creación Literaria por la Obra de la Vida, para imaginarse un rastreador con suerte. Lo es sin que me lo confiese. Su olfato de Quijote lo delata entre papeles amarillos, recorte de periódicos, manuscritos y anotaciones.

Víctor Manuel Marrero Zaldívar es, con todo el respeto de la ley, una polilla infinita que construye cada segundo puentes y más puentes con sus aportes a la historiografía cubana y merece los honores que tiene como miembro del Secretariado provincial y nacional de la Unión de Historiadores de Cuba, y dentro de la larga lista que lo prestigian en la UNEAC, la Academia de Ciencias, el Centro del Libro y la Literatura, la Sociedad Cultural José Martí, el Desarrollo Cultural Comunitario y los Consejos Superior Nacional de Expertos para el Programa Nacional de Historia de la ACC y las Ciencias Sociales.

-          ¿Maestro?

-          Sí. Soy Makarenko, y trabajé como profesor de secundaria básica, secretario docente, asesor de Historia y Organización Escolar y de Asuntos Artísticos-Estéticos e Históricos de la dirección provincial de Cultura. También impartí clases en el Preuniversitario y la Universidad Pedagógica, en el Instituto Politécnico de la Salud en Psicología y Psiquiatría Clínica; en Psicología, Pedagogía y Teoría de la Enseñanza, y fui director del Museo Provincial”

Se acomoda en el sillón. Habla con todo el cuerpo, tal cual excelente es. Perdemos la noción del tiempo entre los artículos de periódicos y revistas que ha publicado en el país y el mundo. Faltan las medallas y las condecoraciones.

Otra amplia lista entre las que están la Orden por la Cultura Nacional, las Medallas Raúl Gómez García y de Hazaña Laboral del Consejo de Estado, varias Placas Conmemorativas, años de Vanguardia Nacional del Sindicato de la Cultura, la Réplica del Machete de Combate del Mayor General Vicente García y su Condición de Hijo Ilustre de la Ciudad de Las Tunas.

La mesa está llena de certificados, reconocimientos y credenciales a eventos de todo tipo en el país y el exterior. Tesoros fundidos entre la cabalgadura de sus dedos y los rayos de su mente. Entro a sus ojos otra vez y ahí están las llanuras y las cañas, el bambú y la corneta, el clarín y el combate. No se cómo no lo comprendí antes… es él, Víctor, una historia bien contada.