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Por Graciela Guerrero Garay

Karla le jura a su novio que le da la vida y, tal vez, solo tenga la dimensión romántica de sus sentimientos, sin imaginar que a diario son decenas de cientos quienes pueden continuar su camino porque otro ser humano decidió, de manera voluntaria o por la anuencia familiar, donar sus órganos y entregarle con todas las letras su vida.

El sentido perfecto de la frase la pule de cualquier idílico matiz el hecho concreto de que cada año los trasplantes renales, de corazón, hepáticos y de córneas aumentan en Cuba, una isla que con su programa nacional y el altruismo solidario de sus habitantes acrecienta sus fortalezas en ese sentido y se ubica en la posición número cuatro en Latinoamérica, con una tasa de trasplante de donante cadáver de 12,8, detrás de Uruguay, Argentina y Brasil.

Las cifras de personas que padecen enfermedades crónicas no trasmisibles crece considerablemente en el país y están relacionadas con el avanzado envejecimiento de la población cubana, marcada por el incremento de dolencias como el cáncer, la hipertensión y la diabetes y las razones -estas últimas- de la insuficiencia renal, la cual requiere de métodos que sustituyan esa función como las diálisis, servicio que hoy reciben alrededor de tres mil pacientes.

Ese tratamiento es altamente costoso –unos 20 mil dólares por enfermo cada año-, en cambio el trasplante renal resulta más económico y con todo éxito le garantiza al enfermo una vida normal bajo los cuidados médicos, debidamente garantizados en la nación, donde existe una estructura organizativa que posibilita consolidar el Programa de Donación y Trasplante y la prevalencia de una rápida respuesta para llevarlo a cabo.

En una información difundida por el Periódico Granma, el doctor Antonio Enamorado, jefe de dicho Programa en Cuba, dijo que durante el 2014 se realizaron más trasplantes que en el 2013 y destacó el importante rol de las donaciones de órganos, un gesto muy humano que permite que por cada donante cuatro personas, como mínimo, puedan salvarse.

Karla, en su manera propia de hacerle llegar el amor a su pareja, expresa una frase que en Cuba no es un mito, aunque en ese momento justo esté bien lejos de pensar en cuántos seres como ella pueden continuar brindando utilidad social y con una existencia mejor, gracias a que otros le dan su vida más allá de la muerte y comprenden que en ese gesto hay humanidad y desprendimiento, virtudes muy cubanas y probadas por los siglos de los siglos.

Poder decir ahora mismo que el Faro de América es la nación de menor negativa familiar a la donación en su área geográfica no necesita argumentos. La verdad es un hecho y vivir,  una línea de preocupación y ocupación del MINSAP y de quienes pueblan la tierra más hermosa descubierta por Cristóbal Colón un anochecer del 28 de octubre de 1492 y bautizada como la Isla Juana, en honor a la hija de los Reyes Católicos.