20141018082048-giannyweb3.jpg

 

Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

Gianny Jiménez Silva anda contento y cuenta con doble orgullo su inserción como docente en la Universidad Vladimir I. Lenin, donde cursó su carrera de Ingeniero Industrial. Ahora su vida laboral comienza en el mismo recinto en que tejió sueños y metas y el adiestramiento se le antoja muy familiar y querido.

Apenas comienza. Él es uno de los 886 nuevos profesionales de Las Tunas que recibieron el diploma el pasado mes de julio en esa alta casa de estudios, la cual en sus 40 años de fundada aportó al territorio más de 11 mil 200 especialistas en diferentes disciplinas de las ciencias técnicas.

Enseñar es lindo y me gusta – dice – y creo puedo aportar también mis experiencias como estudiante universitario, pues salí hace solo dos meses y tengo todo muy fresco aún. Me siento muy bien con mis alumnos.

Como la mayoría de los jóvenes cubanos y en especial de este Balcón de Oriente, la alegría le envuelve y gusta jaranear con cosas propias. “A veces sonrío cuando me veo impartiendo clases a personas mayores que yo, pero disfruto esa relación de respeto y a la vez cordial que establecemos, tal como yo la tuve con mis profesores”,  comenta y agrega que “nunca proyecté mi vida así, en un aula, pero siento es algo bueno que me está formando para cuando tenga que continuar mi profesión en una empresa.  Ya  no tendré el miedo del recién graduado”.

Sus vivencias se unen a las de otros tantos profesionales que dan los primeros pasos de adiestramiento laboral en los diferentes centros e instituciones del territorio, al tiempo que validan la solidez de la Educación Superior en Cuba, ahora enfrascada en un proceso de integración encaminado a fusionar las universidades para aprovechar mejor los recursos humanos y materiales y elevar la calidad de la enseñanza.

Gianni es parte de esta preparación de la Vladimir I. Lenin, la cual se unificará el año escolar 2015-2016 con la Universidad de Ciencias Pedagógicas Pepito Tey, otro fuerte pilar en la formación de los maestros y profesores, incluidos doctores y especialistas, del sistema de la Educación General aquí.

Por todo, le vemos feliz en su desempeño y contagia con ese optimismo que le hace afirmar que donde quiera que esté dará todo cuanto sabe. Y, ciertamente, no hay porqué dudarlo. Terminó con Título de Oro el politécnico y al salir, cuando lo llamaron a cumplir el Servicio Militar, algunos apostaron no verlo más con aires de estudiante y él, siempre con esa sonrisa que no abandona nunca, lo dejaba ahí.

Hoy quienes dudaron aprendieron que aquel gesto de duda era el “créete eso” que llevaba dentro. Quería ser y fue un excelente Ingeniero Industrial.  A escasos 60 y un poquito más de días su L.Q.Q.D está probado.