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Texto y Fotos Graciela Guerrero Garay 

Llegan con aires distintos, como tocados con un halo que los hizo crecer de repente o les incrustó en la mirada reflejos de una espiritualidad mayor. A un ojo agudo no escapa esta importancia que los envuelve ante sí mismos, más si los observas a diario desde el inicio del presente curso escolar, en septiembre último.

El pequeño Kevin no se suelta de la mano de su abuela para correr hacia la plazoleta de la escuela. Laura María no hace resistencia al llegar al portón y Daniel Raúl quiere ser el primero de la fila, aunque su estatura exija ir un poco más atrás por conceptos de uniformidad y disciplina. Todos tienen seis años de edad y cursan el primer grado de la Enseñanza Primaria.

A estos chicos los une un suceso que trasciende sobre una bella tradición patriótica, a celebrar en octubre en honor a la memoria de dos grandes revolucionarios cubanos: Che Guevara y Camilo Cienfuegos. La integración a las filas de la Organización de Pioneros José Martí (OPJM), con la entrega de la pañoleta azul que los identifica como Moncadistas, fue más que un solemne acto el pasado día ocho.

El atributo pioneril es la razón concreta de esas transformaciones visibles. El nuevo estatus escolar y social los hace sentir más responsables y más grandes, tal como nos dijo Kevin al buscar los porqués y elogiar la positiva conducta del niño y sus compañeros de grupo.

“Ha sido un cambio propio. Está orgulloso y el viernes tuvimos que darle muchos argumentos para que entendiera que era un día feriado y no había clases. De todos modos quería venir a la escuela para ponerse la pañoleta, pues no entendía y ripostaba que no era sábado ni tampoco domingo”, explicó la abuela mientras nos mostraba la foto del acto y su persistencia en que imprimieran dos, una para la maestra y otra para él.

En efecto, no hubo clases en Cuba este último viernes. Tampoco se trabajó, solo en los lugares indispensables de la producción y los servicios. La Isla rindió homenaje al nacimiento de su primer grito de independencia, aquel 10 de Octubre de 1868, en La Demajagua, cuando Carlos Manuel de Céspedes decidió liberar a sus esclavos y llamó al alzamiento en armas.

Una fecha marcada para siempre en la lucha por una Patria Libre. El pequeño Kevin aprende estos parajes de la vida nacional poco a poco. Apenas comienza su Educación General Obligatoria, y gratuita. Él quiere ir a la escuela y despertó temprano como siempre. El miércoles recibió su pañoleta de pionero Moncadista y desea usarla. En su mente no cabe que 48 horas  después no tuviera clases y solo el lunes pudiera llevarla nuevamente.

Quizás a la impronta de los sucesos, este mensaje de altruismo y pertenencia que nos enseña el pequeño chico tunero y sus amigos no tenga relevancia para muchos. Sin embargo, cuando corre por el mundo la triste y dramática noticia de los 43  estudiantes desaparecidos en el Estado Guerrero, de México, es reconfortante contar acá una historia diferente.

Por encima de la armonía que baña la jornada de clases afloran esos valores, los mismos que vivifican el 10 de Octubre, el 26 de Julio o la trayectoria histórica del pueblo enorme que se llama Cuba. A un ojo observador no escapan los hechos porque hay esencias muy genuinas de lo que entraña hoy, ahora mismo, defender la libertad de ser y convencerse de que un mundo mejor es posible.