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Texto y Fotos Graciela Guerrero Garay

Hoy lunes los altares de la Virgen de la Caridad del Cobre amanecieron con velas y flores en un día de jubilación nacional donde convergen la fe y el patriotismo, tal como en los campos de batalla enardeció al machete mambí que peleó hasta el último aliento por la independencia de la Isla.

Por encima del sincretismo religioso, la imagen de la Patrona de Cuba, también conocida como Virgen Mambisa, resalta entre los creyentes y ateos por su presencia omnipresente en la identidad cultural e histórica de la nación, más cuando hace dos años, al cumplirse el 400 aniversario de su aparición a los cubanos, en el santuario de El Cobre, en Santiago de Cuba, se produjo el acercamiento definitivo a esa devoción que le profesan en la Mayor de las Antillas.

Sin que la vida pierda sus coordenadas habituales, los fieles le dedican sus primeros rezos matutinos en tanto se dirigen hacia sus centros de trabajo y estudio y, en la víspera, la iglesia de San Gerónimo, ubicada en el parque principal de esta ciudad, abrió sus puertas para esperar, con una misa especial y nuevos bautizos, la llegada del 8 de septiembre, Día de la Virgen de la Caridad.   

Dentro de las instalaciones donde hoy radica la base de Campismo Popular El Cerro de Caisimú, a unos 18 kilómetros de esta ciudad,  existe una capilla que demuestra los actos de fe y confianza que a sus milagros le tienen los devotos, como es el caso de la tunera Azucema Reyes Batista, quien le prometió levantarle el santuario si le concedía el don del triunfo revolucionario y la salvación de los combatientes de la zona.

La historia semeja para muchos habitantes locales una leyenda viva, pues la petición de Azucema fue concedida y desde el mes de mayo de 1960 existe allí ese peculiar recinto para adorar a la Virgen, a quien dejan flores y promesas cuantos descubren su existencia mientras disfrutan de vacaciones en el lugar, en tanto los fieles del entorno la visitan y cuidan.

El 8 de Septiembre de 1612, dos monteros indígenas y un niño de raza negra, la encontraron sobre una tablilla en medio del mar, donde se leía “Yo soy la Virgen de la Caridad”, y desde entonces se convirtió en la Santa Patrona que es de todos los cubanos.