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Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

Lo miro y me dice que su nombre es Marcelino González Millán. Sin embargo, cuando converso con él comprendo que, más allá de todo cuanto merece y hace, puede ser – de hecho es – uno de los cientos de miles de compañeros que trabajan en la Campaña contra Vectores en Las Tunas o en cualquier lugar del país.

Combatir las enfermedades trasmitidas por vectores como el mosquito Aedes Aegypti, los ratones y ahora con más fuerza el Aedes Albopictus  son acciones permanentes en las barriadas de Cuba, donde el Gobierno y el Ministerio de Salud Pública durante largos años no solo priorizan los cuantiosos recursos materiales que requieren, sino que las complementan con un sólido programa educativo y preventivo entre la población.

Empero, eso no basta para quienes como Marcelino trabajan y caminan incontables horas del día, muchas fuera del horario laboral. La respuesta de algunas personas que todavía no contribuyen a que el esfuerzo rinda mejores frutos en esta justa y necesaria batalla por la vida, está en sus preocupaciones:

“Algunos ciudadanos no escuchan las advertencias –dice- que hacemos sobre la necesidad de tapar bien los tanques de agua y cambiar constantemente cualquier recipiente que utilicen para almacenarla, ya sea temporal o permanente como las cajitas de los refrigeradores, los bebederos de animales, vasos espirituales y floreros. Percibo que no quieren escuchar y entonces hay que proceder a aplicar medidas como las multas.

“No hay necesidad de imponer multas ni llegar a estos extremos, pero de cualquier manera tenemos que mantener el control sobre los vectores y evitar la proliferación de los focos. En la vigilancia está el éxito de la campaña y  también que hoy podamos decir que, aún  cuando existen los mosquitos en el entorno urbano y rural, no existan enfermos y cuando existen se proceda enseguida”, argumenta.

Prácticamente a diario, cientos de familias tuneras reciben la visita de Marcelino, quien es operario A de la Brigada 1 del Consejo Popular 18, en esta ciudad de Las Tunas. Amable, respetuoso y dispuesto siempre a dejar una enseñanza mientras revisa meticulosamente los recipientes domésticos, aprovecha muy bien sus ocho años de trabajo:

“En Las Tunas no hay casos de enfermos con el virus Chikunguya, pero siempre alertamos a las familias que este mosquito es el llamado mosquito de monte, así lo conocemos aquí; en otros países se le identifica como el tigre asiático. Su nombre científico es Aedes Albopictus y es muy inteligente para conservar su especie, y lo hace poniendo poquitos de huevos en cada vasija y en los huecos de los árboles.

“No es una especie nueva, vive también en las costas y hay historias de que es tan brava su picadura que cuando caía en un cantón de ganado, lo hacía mover de lugar.  Por eso le explicamos a nuestros coterráneos lo que sabemos para que nos ayuden con la prevención. Nosotros sin el apoyo del pueblo poco avanzamos. Es una labor de unidad, responsabilidad y colaboración mútua.

“A diferencia del Aedes Aegypti, el trasmisor del dengue, éste pica y se va para los árboles y es más difícil de controlar. El otro, se posa en los techos de las casas; y es importante que las personas sepan estas cosas. Nuestra experiencia nos indica que ambos vectores han mutado mucho y como le hemos hecho una verdadera guerra, responsable, consciente y costosa,  pues buscan sobrevivir. Por ejemplo, el Aegypti ya pone en letrinas, fosas, cañadas y donde encuentre agua, al no encontrar refugio en su habitad normal”.

Sus palabras encierran el mismo sentimiento que mueve cada mañana, tarde o noche a las diferentes estructuras gubernamentales y de Salud Pública en la Isla  para cuidar, a cualquier precio, el bienestar sanitario de cubanas y cubanos –léase también tuneros –.  

Para nadie es un extraño la llegada de Marcelino al barrio. Hay una cultura preventiva que se afianza y es cada vez más afectiva, gracias al tiempo y a la larga y sistemática campaña contra la muerte que se libra en Las Tunas y el país, sin escatimar recursos ni medidas en pos de evitar el contagio o grandes epidemias.

Ahí, en esos detalles que hablan del coraje de una nación y de su gente, está la esencia de que la guerra contra los zancudos tenga rostro, palpable en las sonrisas y garantías de vida de la infancia y la ancianidad, los sectores más vulnerables. Y no es cuestión de política, como muchos opinan con desidia, es amor y humanidad, es Patria.

Otros apuntes:

En una entrevista recién publicada por el sitio digital Cubadebate a Niurka Molina, jefa del departamento de Control Sanitario Internacional del Ministerio de Salud Pública en  Cuba, el 28 de agosto, la especialista informó que los casos detectados de  Chikunguya están dados de alta y tienen una evolución muy buena, luego de afirmar que ninguno contrajo la enfermedad en el país. Y destacó que se refuerzan las medidas preventivas, especialmente por el ébola, tras afirmar que “hasta ahora no ha llegado a la isla ningún caso sospechoso”.