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Por Graciela Guerrero Garay

¿Será tan difícil establecer un lenguaje coherente cuando de temas de repercusión social se trata? O mejor, quizás: ¿No existen especialistas o mecanismos que alerten, con un mismo nivel de exigencia, argumentos y ciencia en mano de los riesgos que se potencian al planificar, decir, difundir, concebir… algo por un lado y hacer prácticamente lo contrario por otro?

¿De qué hablo? Sencillamente, de las mil y una incoherencias que alimentamos a diario y provocan en las personas dudas, rumores, inconsciencia, falta de credibilidad y  muchos males, los cuales con COHERENCIA pudieran revertir tales efectos.  Por ejemplo, – muy reciente- hace tiempo que buscamos las maneras e invertimos recursos (sangreados y escasos) para cultivar en la mente de la juventud el concepto de una recreación sana, sin alcohol. Entonces, llega la esperada actuación del grupo Los Ángeles y le llevamos termos de cerveza, justo en un área exclusiva para ellos, la Pista Joven de La Feria.

Ante el hecho, en blanco y negro, se nota la discordancia y no es una locura preguntarse si primó aquello de recaudar dinero (por demás la entrada costó a $ 20.00), ante otros fines culturales-recreativos. Pero si saltamos de aquí hacia la higiene ambiental, distingue que la mayoría de los solares yermos están enyerbados, los salideros y los baches crecen, las cañadas incrementan su fetidez y hasta sirven de basureros improvisados, los que también aumentan.

En tanto, en esos sitios donde verdaderamente se gesta la reproducción de los mosquitos y son una suerte de bunker no existe la constante vigilancia ni sanidad que hay sobre los hogares, salvo cuando temporalmente se fumiga con humo la ciudad. ¿No será rentable –digo yo- gastar un poco de recursos en combatirlos allí y subir el entorno, ante las lluvias actuales, a prioridad UNO?  

La coherencia es una cápsula mágica que proyecta confianza y, esto, es menester tenerlo en cuenta, fundamentalmente en quienes con el poder de sus decisiones pueden crear estados de opinión a favor o en contra. Para lograr la unidad que necesitamos hay que ser coherente, no hay de otra.

En los primeros cinco meses del año se registraron en las sedes de los Gobiernos Locales y las unidades administrativas 5 mil 700 casos en la estafeta de atención a la población, y la mayoría son quejas, denuncias y anónimos.

Lo inquietante del asunto es que solo el nivel de solución obtenido es del 38 por ciento y la incoherencia, por un lado, está en que los temas son los mismos de siempre: vivienda, viales, demora en trámites e insatisfacción con los procedimientos administrativos; y por el otro, la insuficiente valoración de los planteamientos y la ausencia de miradas alternativas y solucionadoras de los problemas, ya sean personales o colectivos.

La lista de las demandas de los tuneros es mucho más amplia e igual de repetitiva, si se compara con años atrás. A todas luces falta coherencia, sin descartar cualquier otra irresponsabilidad inherente. Lo esencial no necesita comentario. Ser o no ser es un solo camino, cómo transitarlo es la cuestión. Y si pensamos en mejorar la sociedad, tener sobresalientes ciudadanos mañana y cambiar nuestro proyecto para bien común, la estocada no puede quedarse en la dermis. Es hora ya de trabajar en eso.