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Por Graciela Guerrero Garay

Jesús Daniel es uno de los infantes que testifican en este oriental territorio de Cuba la valía de la salud infantil en el país y el territorio, donde los servicios de terapia intensiva cumplen tres décadas de fundados y denotan el salto cualitativo y cuantitativo en recursos humanos y materiales.

Aquejado de un tumor maligno muy agresivo, las palabras no ilustran la cuantía de los tratamientos y el amor recibido en estos casi doce meses, en los cuales tuvo necesidad de varias intervenciones quirúrgicas en el Hospital Pediátrico Mártires de Las Tunas y sus homólogos de las provincias de Camagüey y Holguín.  

Mucho gana en experiencia el colectivo de esta importante Sala de la instalación tunera cada día de labor, apuntalada por la superación constante de sus especialistas, médicos y equipos de enfermería, quienes atienden anualmente un total de 450 casos y hacen milagros imposibles con amor y el ejercicio ético y sapiente de sus desempeños.

El alto grado de sobrevivencia es otro indicador que honra los 30 años de fundado de este servicio en Las Tunas, que como en el resto de la nación surgió gracias a la idea del líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, y es hoy uno de los logros irrebatibles del proyecto socialista en la Isla, donde la vida y la salud de niñas y niños es un eje primordial y diario de la gestión sanitaria y social del Estado.

Jesús Daniel  es el símbolo de los cientos que en el archipiélago renacen en medio de tensiones y esperanzas  en ese afán, familiar y clínico, de rescatarlo de enfermedades irreversibles o temporales que los llevan a la muerte. En esta valía de la Salud Pública en Cuba,  la Sala de Terapia Intensiva del hospital infantil de Las Tunas es un enclave digno y hermoso, humano.