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Por Graciela Guerrero Garay     Fotos: De la Autora

No fue una campaña. Es el sentimiento de un pueblo que reclama justicia por su sangre y por todos los hombres y mujeres de esta tierra que son victimas, como los CINCO, de la arbitrariedad de un imperio que apunta al planeta con el dedo como si fuera un Dios cuando, como gobierno y sistema, es el diablo en asuntos de execración, muerte, guerra, apropiación de recursos y cualquier acción macabra que funcione a favor de sus intereses de poder y hegemonía.

Hoy volvieron a conmoverme las cintas amarillas y sentí, en un octubre que en Cuba remueve siempre sus raíces históricas y culturales, ese calor solidario y permanente que lleva la nación en la lucha por la liberación de Ramón, Antonio, Fernando y Gerardo, los antiterroristas cubanos injustamente encarcelados en los Estados Unidos por más de una década, luego de un proceso judicial manipulado y vendido a los intereses de la contrarrevolución en Miami, de lo cual existen pruebas contundentes develadas a lo largo de estos años.

Las bellas muestras de amor que llenaron del color del sol a esta ciudad de Las Tunas para reclamar, en el plano nacional e internacional, el regreso de los CINCO – en respuesta a una convocatoria lanzada por René (quien ya cumplió su condena) -, siguen aquí en lugares públicos, los balcones de las casas, las mochilas de los estudiantes y diversos atuendos que portan los tuneros.

Benito Díaz Espinosa desde el pasado 12 de septiembre, fecha en la cual la Isla se llenó de lazos amarillos para revivir la tradición inglesa de expresar el deseo de que vuelvan a casa los soldados presos en el frente de batalla, colocó una cinta en su carpeta de trabajo y “desde entonces está ahí –dice- porque los Estados Unidos tienen que sentir todos los días la exigencia no solo de los cubanos, sino de los millones de personas que piden se haga justicia con nuestros compatriotas. Por eso, hasta que no vuelvan, no lo quitaré.”

En cualquier calle de los barrios de esta ciudad capital, bautizada como Balcón del Oriente Cubano, en puertas, balcones, escuelas, centros de trabajo, árboles y vehículos encuentras cintas amarillas, a más de un mes del hermoso acto por la justicia y el decoro de los hombres de buena voluntad. Las mismas que en Cuba y todo el mundo fueron –son- expresión de los derechos del Derecho Universal a la paz e integridad de las naciones, única causa que movió a los CINCO a realizar sus actividades en suelo norteamericano.

El imperio y sus representantes en ese norte brutal que describió José Martí como el monstruo y el opio de los pueblos que es, tendrá más temprano que tarde que liberar a Ramón, Antonio, Gerardo y Fernando. Los tambaleos de su “justicia” no son secretos, como tampoco lo es que ellos NO son terroristas. Basta ya de tanta falacia.