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Por Graciela Guerrero Garay

“Ahora, lo primero es organizar,
reunir a todas las cubanas
que quieran trabajar por su patria”
Fidel Castro, 23 de agosto de 1960

 

Es difícil olvidar a Vilma Espín Guillois. Por estos días previos  al 23 de Agosto, cuando se funda en 1960 la Federación de Mujeres Cubanas, su nombre se repite una y otra vez. Lo mismo va en labios de una quinceañera que de una abuelita. Lo recuerda una obrera o un ama de casa. Una licenciada o una costurera.

No olvido nunca que una investigadora dijo que a los periodistas les gustaba, en los artículos conmemorativos, dar la imagen de que los muertos estaban vivos. La idea se debatió mucho en aquel taller de Semiótica. Desde entonces, una reminiscencia  quedó en mí: ¿Cómo no darlos vívidos, si cobran vida en millones de cubanos y cubanas?

Justo sucede ahora. Hay muchas Vilma en las delegaciones y bloques de la FMC en Cuba. Son millones las mujeres quienes, en algún momento, le agradecen algún avance. Gracias a esta líder femenina y Presidenta por siempre de la Organización que fundó y dirigió hasta su muerte en 2007, el papel y los derechos de sus congéneres fueron reconocidos y llevados a vías de hecho en todas las acciones sociales.

Es el alma de la justicia del género en la Isla y la gestora de los programas encaminados a lograr, en una sociedad machista por idiosincrasia, el pleno ejercicio de la igualdad de la mujer en cualquier ámbito. También le debemos la discusión y elaboración del Código de Familia, aprobado en 1975, y todo el alcance de la Comisión de Atención a la Mujer, la Infancia y la Juventud, de la Asamblea Nacional.

No es de extrañar, entonces, que su nombre repiqueteé por los altavoces y su presencia coexista en el homenaje. O se inste a su ejemplo en el proceso asambleario de debate, el cual desarrollan las féminas cubanas previo al Noveno Congreso, realizado ya en 151 municipios del país. Es la búsqueda de sus sueños en presente. Y no es apología. Es convencimiento de que todavía falta más en el camino de romper tabúes y concretar, incluso lo que está legislado.

“Si no fuera por Vilma y Fidel todas tuviéramos hoy pegadas a la cocina”, comentaba Elena González, una tunera que tuvo que pelear duro para que el esposo comprendiera que trabajar era un derecho para ella. El bloque de la FMC le ayudó a esta “guerra emancipadora”. Y la ganó.

Cuando las iniciativas abren ventanas y puertas y, generación tras generación, desde el triunfo revolucionario hasta el siglo XXI,  el sol abre brazos y las cubanas se levantan a lidiar por ellas, la familia y la Patria, elegantes, sencillas, optimistas y femeninas, renace Vilma en ese halo divino que queda de las almas, pues ella como Mariana Grajales,  la mambisa eterna, se ha multiplicado.

La Semiótica puede o no estar en sus aciertos. Pero las cubanas, estén donde estén, en el llanto y la alegría, son mujeres. Y en ese término hay mucha virtud, honor y desarrollo.