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Por Graciela Guerrero Garay

Las mujeres cubanas son federadas siempre. Honran, sin demagogia, las esencias que hacen vital el fluido femenino en la vida y la sociedad. La certeza es cotidiana y se ilustra en miles de ellas por todo el archipiélago, aunque a veces un cierto quietismo simule adormecer las tareas en la base, todavía ande el “inter-ego” sin lograr equilibrio en asuntos de género y se tenga convicción de que falta mucho por hacer.

Quizás,- al menos para mí -, los ejemplos más demostrativos de esa pertenencia con la mayor organización de su tipo en el país, la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), sean las abuelas, a pesar de que algunas no asistan a las reuniones por su ancianidad o las enfermedades. Sin embargo, la presencia de estas experimentadas y queridas miembros es visible en el aliento de sus experiencias. O con labores manuales y  otros aportes valiosos, muy difíciles de encasillarlos o dignificarlos en pocas palabras.

En este realce no hay enfrentamientos. “Lo viejo y lo nuevo” van en sincronía y evolucionan. Aquel panorama de 1953, cuando en una población de tres millones de mujeres, el 70 por ciento se desempeñaba en el trabajo doméstico, quedó atrás. Con el triunfo revolucionario, en enero de 1959, uno de los grupos sociales más beneficiados fue el femenino y esta situación llegó para siempre.

En 1974 las cifras de empleo remunerado se triplicaron y ellas ocupaban, entonces, el 25,3 por ciento del aparato estatal civil. La negra Julia La O, hoy incorporada al trabajo por Cuenta Propia, recuerda sus años en la escuela Ana Betancourt:

“Yo vivía monte adentro, allá por Mayarí Abajo, en el poblado “Mateo Sánchez” y todavía era mucha la pobreza, aunque había triunfado la Revolución. En 1969 vinieron becas para las hijas de los campesinos y sabía que era mi momento, el cual esperé desde niña. Me superé, conocí a La Habana, estuve en las vegas de tabaco en Pinar del Río, en la escuela al campo, y fui otra mujer”.

Su vida no es un número frío de las buenas estadísticas que cambiaron para más, a favor de las cubanas. Las políticas educativas y las oportunidades, como en las que se enroló Julia, crecieron y multiplicaron sus perfiles desde entonces. Si hace unas décadas, en los años 90, se hicieron invisibles muchos de estos avances, sobre todo en cargos importantes de dirección política – gubernamental, hoy las mujeres ocupan el 48, 86 por ciento de los escaños de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Sin descartar y subestimar la voluntad estatal para ir, gradualmente, incluyendo a las cubanas en puntos claves para el desarrollo de la nación, tampoco se puede negar la determinante influencia y decisión de apoyo de la FMC en estos grandes saltos evolutivos, más cuando datos recientes del último Censo de Población y Viviendas 2012 confirmaron el dominio de la masculinidad como género.

Por sí mismas las estadísticas avalan que la socialización de las mujeres gana un protagonismo cada vez mayor en todas las esferas de la vida intelectual, aún cuando todavía asumen los mayores roles en la conducción de la familia, son altos los índices de divorcio y no se puede desclasificar a esta fecha la tendencia machista de la sociedad.

También alcanzan dignos parámetros entre la fuerza técnica y profesional del país, al superar más del 65 por ciento de inclusión en esta categoría y destacar, además, en oficios exclusivos del hombre hace algunos años atrás. No hay secretos en estos resultados de la FMC. Es la respuesta al llamado, un 23 de agosto de 1960, del líder de la Revolución, Fidel Castro Ruz: “Ahora, lo primero es organizar, reunir a todas las cubanas que quieran trabajar por su Patria”.

A las puertas de un debate nacional por el Congreso de la organización, previsto para marzo del 2014, este empuje revive y tiene muchas historias nuevas que contar. El tiempo es presente, pasado y futuro. Los avances actuales no borran la memoria. Y entre anécdotas, logros, retos y perspectivas ahí están, en su diversidad de conquistas, sin jactarse ni auto complacerse. Dispuestas, sí, a demostrar lo que no tiene dobles lecturas ni confusiones: en Cuba las mujeres siempre son y serán Federadas.