20130318165835-sheilasala4.jpg

Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

Claro que si alguna vez me llené los pulmones de aire divino fue cuando fuí abuela, un 8 de diciembre del 2005. Desde entonces, esa hermosa sensación de ser madre dos veces, como digo yo, me llena todos los segundos.

En ella veo a mi pequeño LLoansy, mi único hijo, multiplicado con orgullo, pues gracias a Dios él es un hijo excelente, trabajador, honesto, inteligente, sensible y un padre ejemplar a pesar de su juventud y de tener a Sheilita siendo casi un niño, con 16 años, en plena adolescencia.

Bueno, este tesoro que compartimos con amor en la familia toda y que es el alma de la casa, trae el arte pegado a la solapa. Quiere ser bailarina, pero pinta, escribió ya sus primeros cuentos, solita, moldea, maneja la pc sin problema alfuno, tira fotos y le gusta posar con esa gracia pueril que la distingue.

Por eso, diré siempre que es una bendición de dios ser abuela. Así que los exhorto a que no frenen esos ángeles que nos llegan y multiplican alegrías, sin dejar al margen, por supuesto, los sustos, las complejidades, los retos y los miedos que significa tener un bebé.

Más con todo, las recompensas son quilates de oro junto a los posibles hipos de la vida. Y la vida es eso, un desafío. Vale vivirla, por ellos y por todos. Aquí se las dejo en una de esas fotos donde disfruta el encanto infantil de su belleza.