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Por Graciela Guerrero Garay

Sin que los empleos estén en las cuatro esquinas y hoy se asuma una política racional de los recursos humanos en pos de la verdadera eficiencia económica, la juventud de la segunda década en Cuba acumula un 42,5 por ciento de la fuerza laboral existente, lo que contrasta con las realidades de este importante segmento de la población en muchas naciones del mundo.

Estas fuerzas productivas tienen de 20 a 24 años y están insertadas tanto en el sector estatal como privado, actividad que gana preferencia entre los jóvenes a partir de la apertura de oficios, aunque no supera la cifra que ejerce en las distintas dependencias del Gobierno. 

Ya se habla en los predios nacionales de los atractivos que encuentran muchos noveles en el trabajo por cuenta propia, dada las posibilidades de proyectar sus iniciativas y potencial creativo y consolidar un sustento de vida propio, valorado como positivo por especialistas del Fondo de Población de las Naciones Unidas a partir de que sobre las nuevas generaciones recae el presente y el futuro de cualquier sociedad.

María Josefa Luis, del Centro de Estudios sobre la Juventud (CESJ), explicó a la agencia de noticias Prensa Latina que los jóvenes insertados en el cuentapropismo centran sus motivaciones, en mayoría, en el alcance de una mayor remuneración y la flexibilidad de los horarios, los que le permiten una mayor autonomía en sus intereses personales.

La población más joven radicada en la Isla recibe atención priorizada en todos los órdenes, y una muestra loable es que otro 32, 5 estudia y el 7,7 combina el trabajo con la instrucción y menos del cinco por ciento busca opciones de empleo, a lo cual puede sumarse una educación gratuita y obligatoria desde los cinco años hasta el nivel medio superior y el ingreso, sin distinción, a las universidades mediante pruebas de aptitud y de ingresos según los perfiles que decidan.

Aún con todo, el país detiene su mirada en los nuevos horizontes abiertos a la juventud con la actualización del modelo económico, y reconoce los retos que significan estas inclusiones en el sector no estatal, porque no todos están listos para asumir proyectos propios pues hasta hoy la familia les suplía sus necesidades y el Estado se encargaba, después, de ubicarlo institucionalmente.

Por su parte, los jóvenes cubanos demuestran a diario a lo largo y ancho del archipiélago que son capaces también de lidiar con sus responsabilidades e independencia económica, por lo que es común encontrarlos en cualquier negocio particular, con sus proyectos de vida y revitalizando una actividad que inyecta energía a los cambios económicos en la Mayor de las Antillas.