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Por Graciela Guerrero Garay

Ahora que las lluvias comienzan a caer en Cuba y en Las Tunas, tradicionalmente seca, algunos aguaceros ponen contentos a los tuneros por el campo y la ciudad, no hay que dejar al margen que Naciones Unidas advirtió que los efectos del cambio climático incidirán en que en el 2050, por la utilización inadecuada de los recursos hídricos y su gestión, siete mil millones de personas se afectarán por la escasez de agua en lo que se avizora como la gran crisis del siglo XXI.

Aparte de la influencia negativa de la naturaleza, el informe emitido a razón del Foro Mundial del Agua en 2006, destaca que si el presente es sombrío fundamentalmente para las poblaciones y países pobres, el futuro es todavía más desalentador y hace notar que exclusivamente el 2,53 por ciento del total del líquido en el planeta es dulce, mientras el resto es salada.

Esta situación se agrava por la cruenta realidad de que las dos terceras partes del agua dulce está inmovilizada en glaciales y al abrigo de nieves perpetuas, sumándose que estas reservas también están afectadas por la contaminación, por los alrededor de dos millones de toneladas de desechos que se arrojan cada día a las fuentes bebibles, que el  cambio climático es el responsable, en un 20 por ciento, del incremento de su escasez global.

Las estadísticas producen estupor para 180 países por la cantidad y la calidad de agua de que disponen, de aquí que las Metas de Desarrollo del Milenio para el 2015, adoptadas por la Cumbre de las Naciones Unidas en el 2000, sitúen esta problemática entre sus urgencias pues las dolencias causadas por dichas razones son el basamento común de enfermedades y muertes en las personas pobres de los países en desarrollo, sobre todo los niños menores de cinco años.

Cuba, en este sentido, mantiene desde el mismo triunfo de la Revolución una política que se ha dado en llamar Voluntad Hidráulica, la que prioriza y mantiene estricto control sobre las fuentes de abasto, las lagunas de residuales y los sistemas de potabilización y tratamiento del agua, aún cuando está a merced de la naturaleza, los cambios del clima y las limitaciones materiales de recursos que se encarecen o dificultan al ser una nación en desarrollo y víctima de un injusto bloqueo económico, impuesto hace ya medio siglo por los Estados Unidos.

Poner bajo regadío las cosechas agrícolas es otra de las respuestas de la Isla a las Metas del Milenio y Las Tunas, en esta modalidad, tiene hoy el 17 por ciento de sus tierras bajo estos sistemas, igualmente insuficientes para sus necesidades y perspectivas de desarrollo aunque la cifra supera los indicadores del 2010 y se trabaja constantemente para aprovechar al máximo sus reservas hídricas y garantizar, en todos los lugares, un abasto del líquido con la calidad idónea para el consumo humano y animal.