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Por Graciela Guerrero Garay    Foto: Lloansy Díaz Guerrero 

Es hora de que comprendamos que nadie es el ombligo del mundo y vivir en sociedad requiere de responsabilidad individual para que la nación sea reflejo propio de lo que queremos, así interpreto, a todo riesgo, los constantes llamados que nos hace reiteradamente el Primer Secretario del Partido Raúl Castro Ruz, presidente de Cuba. 

En la última reunión del Consejo de Ministros, el 31 de marzo, el también General de Ejército dijo “que el principio no es prohibir construir, sino indicar dónde hacerlo, ya lo hemos dicho en numerosas ocasiones, pero hay que exigir más por el cumplimiento de lo establecido y buscarse problemas con los infractores, sin importar quienes sean”, redundó. Y es que la gente piensa en lo mío primero.  

Lo demuestran los rayones en la pared en instituciones recién construidas, el estiércol que ensucia nuestras calles, los escándalos de los trasnochados, las muestras de lujuria en cualquier esquina, la mala cara que te ponen los que deben andar con la sonrisa en la piel, las mañas de las recepcionistas… en fin, el ego humano que transportamos a los deberes sociales. 

Si trabajamos con pertenencia y vergüenza, conscientes de que todo lo que hacemos repercute en los demás, fuéramos una tacita de oro en muchas cosas y no se gastara tanto en visitas de control sorpresivas o planificadas, pues nada tiene que ver controlar y chequear normalmente -pienso- con estar arriba de los cuadros para que las metas caminen y los funcionarios de arriba no encuentren deficiencias. 

Nunca entendí que si alguien tiene un cargo haya que darle todo masticadito. ¿Y su aporte creativo? ¿Y si no es capaz, para qué lo eligieron? Complejo es este mecanismo de discernir cuando existen orientaciones y legislaciones que nacen miopes, pero Raúl llama a la rectificación y al orden, con espíritu crítico y hay que ponerse ese ropaje humilde para que la nación cambie y avance. El reunionismo y el paternalismo no juegan cuando de hacer curas sanadoras se trata. 

Ahora salvar la economía descansa, entre otras cosas, en potenciar al máximo las exportaciones y disminuir las importaciones. Del aire no cae que se produzca con la calidad, cada vez más competitiva del mercado internacional, que permita al país marcar con sus productos y servicios. Hay que detener la corrupción para que nadie robe la materia prima de las normas que la garantizan, ni se haga rico con el sudor y la modestia de todos los demás. 

Al rigor de estudiar los problemas convocó Raúl. Es hora de responder veraz y coger al árbol por la raíz, tirando parejo, sin privilegios ni ratoncitos en la cabeza. Punto y basta, al decir de Totó, en la telenovela Passiones, que se trasmite ahora por el Canal Cubavisión.