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Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

Garantizar la vida de los cubanos y sacarlos del túnel de la muerte, en proezas que más de las veces parecen milagros por las complicaciones y estado crítico de los pacientes, es un principio ético y privativo de la medicina en Cuba, aún cuando en el proceso de cambios este Ministerio rectifique sus esencias organizativas, valore gastos y consumos de recursos  y reajuste su personal para dar un mejor servicio al pueblo con una visión económica y realista.

Historias de vida de miles de cubanos pueden testificar el amor y la entrega de los galenos, especialistas, paramédicos, enfermeras y técnicos de la salud a lo largo de la Isla, desde los más recónditos lugares de montaña hasta centros hospitalarios de alta reputación nacional e internacional con perfiles de atención especializadas y programas de asistencia para enfermedades poco comunes o mortales como el VIH-SIDA o el cáncer.

Aunque las campañas mediáticas atacan a la Salud Pública y tratan de minimizar sus logros, es innegable la calidad humana y el conocimiento científico de los doctores cubanos, hecho que significa otra batalla más ganada por Cuba de manera irrebatible como la victoria de Playa Girón, por cuanto formó su potencial partiendo desde cero y hoy cuenta con Universidades de Ciencias Médicas en todo el país, además de formar a miles de especialista de América Latina y otras regiones del mundo en estas instituciones.

Otros méritos incuestionables son el papel que tienen en la comunidades los Consultorios del Médico y Enfermera de la Familia, las campañas de vacunación, el programa Materno Infantil, los servicios de Urgencia Médica, las consultas estomatológicas y los Bancos de Sangre, que se nutren con donaciones voluntarias del pueblo a través de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR).

Todo esto se logra de manera armónica y con grandes déficit de recursos y medicamentos, pues una de las causas que inciden directamente en que el sector no pueda, en determinados momentos, contar con reactivos para exámenes clínicos, tecnologías de punta y una farmacopea constante, es el cruento bloqueo económico, financiero y comercial  que impone Estados Unidos a la Isla hace más de cuatro décadas y, aunque también los detractores de la Revolución subestiman,  este crea “picos de alerta” en muchos tratamientos claves, que al final ganan lo imposible por esa voluntad y amor profesional del personal del sector.

Las Tunas, una región del oriente que hasta la década del 80 no tuvo un hospital general y fue llamada cenicienta de Cuba por el atraso en que la encontró  sumida el gobierno revolucionario,  puso en funcionamiento recientemente tres salas que ofrecen servicios de medicina, neurocirugía, oftalmología, otorrino, maxilofacial y puerperio quirúrgico, al tiempo que extendió con 81 nuevas camas el área de ingresos, también reparada de manera capital.

Ello es posible a la prioridad que le da Cuba al Ministerio de Salud Pública, aún con una economía en franco proceso de recuperación y afectada por años por la crisis global que afecta al mundo y los factores internos, donde no puede dejarse al margen el desvastamiento estructural que sufrió el país como consecuencia  del azote de varios ciclones. Así con todo, la atención médica es gratuita y funciona las 24 horas del día en hospitales y policlínicos con cuerpos de guardia y postas médicas en el campo y la ciudad.

Esta bella y noble labor trasciende las fronteras de la Isla y un ejemplo concreto es la Misión Barrio Adentro,  que conmemoró su noveno aniversario este lunes y ha salvado más de un millón de venezolanos de la muerte y realizado más de 745 millones de consultas gratis con la colaboración de los trabajadores y especialistas cubanos.