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Certezas de un viaje con la historia

Por Graciela Guerrero Garay

Recuerdo perfectamente la primera vez que visité la Isla de la Juventud. El río se funde con el mar a pocos metros del embarcadero. Es, simplemente, una imagen preciosa. Sin embargo, los encantos de este pequeño “vástago” del verde caimán del Caribe, Cuba, son mucho más que un viaje de aventuras y ensueños. Allí, en la ciudad de Nueva Gerona, la capital del Municipio Especial cubano, el Presidio Modelo es la memoria viva de un pasaje histórico escrito para tiempos presentes.

Tuve el privilegio de estar entre la majestuosidad de sus paredes preñadas de huellas y lamentos. Imaginar los rostros marginados. Sentir la irónica caricia de los culatazos. La respiración entrecortada de los reos. La angustia de la soledad y la muerte. Pero de la oscuridad sale la luz y también estaban ellos, con esa carga de historia tremenda, que en la mañana de este 26 de Julio volverá a llenar la nación de renovadas luchas por el futuro, que los cubanos perfeccionan y limpian de malos vicios, poco a poco, con claridad y pasos concretos.

El amanecer de la Santa Ana cumple 58 años. Desde aquel tiempo, 1953, la lección ética y moral de un grupo de prisioneros, todos muy jóvenes y revolucionarios, se ha multiplicado. Ya no son la esperanza de antaño. Hoy son la certeza del presente y la convicción del alcance profundo del valor de las ideas.

No más entras al recinto del Presidio Modelo, y es como un golpe de mágica memoria. Se te incrusta en la pupila esa foto, tan difundida, de Fidel y sus compañeros del Moncada, tocando el sol con el alma y el cuerpo, y todo un pueblo humilde alabando el reclamado excarcelamiento de los integrantes del Movimiento 26 de Julio, quienes después del asalto al cuartel Moncada de Santiago de Cuba, fueron confinados, 25 de ellos y su líder, a los horrores de una prisión que estaba clasificada como la más “segura de su época en Latinoamérica”, según consta en documentos oficiales.

Muchos apostaron que allí acabarían los ideales de los jóvenes revolucionarios. Sin embargo, la prisión fecunda, como le han bautizado, les fortaleció el patriotismo y las ideas, que maduraron aún más al fundar la pequeña escuela Abel Santamaría, en la que estudiaron economía y táctica de lucha guerrillera.

Ya Fidel y sus compañeros de lucha habían marcado la ruta y demostrado que las crudezas de la tiranía y la verdadera libertad de la República estaban en el enfrentamiento armado, pero las huestes del gobierno dictador de Fulgencio Batista no pudieron ignorar el grito de justicia del pueblo y, un 15 de mayo de 1955, cedieron a la presión popular y liberaron a los combatientes.

Ese día de la primavera se coronó una nueva victoria. Seguía en flor la semilla del Moncada y la Patria recibía a sus hijos con bríos enardecidos en la fe de un futuro digno y mejor. Hoy la obra es elocuente. El Presidio Modelo está ahí, recordando hojas tristes del camino pero, también, despertando la grandilocuencia de un presente fértil, cada vez más sólido y más nuestro.

Es la gloria que cabe en un grano de maíz. Ese es el himno vivo de estos 58 años de homenaje. Es la razón que habla de que mañana puede ser, y puede ser mejor. Entonces, el Presidio Modelo vuelve con su carga de historia abierta a los que miran y hablan con el corazón del tiempo y el amor a la vida. Fidel y 25 de sus compañeros, desde adentro, lo enseñaron. Es una emoción nítida que te recibe en los predios de la Isla de la Juventud y se respira en todo el archipiélago.

Martes 26 de Julio. Cuba con su Rebeldía Nacional. Ciego de Ávila levantando banderas por todos los cubanos. La nación, una vez más, en pie de lucha, llena de confianza en que las transformaciones que suceden llegarán a consumar los sueños de una fecha que, sin retórica, abrió los caminos de un proyecto que, con soles y sus manchas, tiene proa hacia delante, como el histórico yate Granma que también es flor y fruto de estos días de fiesta y 26.