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Más que rojo y negro, es la victoria

Por Graciela Guerrero Garay

Sudando una fiesta de victoria, bajo el ritmo del tambor y la corneta, la pianola y la guitarra, son cubano, guaracha, salsa y baladas, los tuneros esperaron la víspera los aniversarios 58 de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, en las áreas bailables de esta ciudad y sus municipalidades.

Por todo el archipiélago fue igual. Alegría revolucionaria, cosecha de frutos que maduraron – maduran- entre grandes conquistas y sacrificios. En mi barrio, por ejemplo, se estrenó una farmacia, mucho más moderna y funcional que la existente. Ahora son dos para alivio de todos y se materializó un viejo acuerdo y reclamo de los electores, en diversos procesos asamblearios de Rendición de Cuenta de los delegados del Poder Popular. La meta fue abrir las puertas nuevas este 26 de julio.

Ciego de Ávila, digna sede que con los primeros rayos del sol hará ardiente de certezas su Plaza de la Revolución Máximo Gómez, parece otra con sus recién construidas viviendas multifamiliares, sus calles y fachadas públicas remozadas, su gente activa y contenta, dispuesta cada día a dar más por su propia obra. Es 26 de Julio, re-impregnado  de ese mismo espíritu  que en 1953 hizo posible lo imposible y bañó a la nación del ideal martiano, para trazar, en manos de Fidel Castro, el programa de la dignidad definitiva, recogida en su alegato La historia me Absolverá.

No es un mito que por todo el archipiélago el sudor empiece por los pies y haga danzar multitudes obreras, campesinas, trabajadoras, estudiantiles. Niños, jóvenes y ancianos, un solo pueblo, cubanos. No es una consigna festejar esta fecha. Es la consumación de metas, sueños, empeños y desafíos, entre amenazas, bloqueo económico, ataques biológicos, planes de atentados a los dirigentes de la Revolución, robo de talentos, guerra biológica,  escases de agua, ciclones devastadores, falta de recursos, inercia, ineficacia, problemas económicos, atraso social en tecnologías, campañas mediáticas y otros tantos asuntos objetivos y subjetivos.

Es 26, porque más que roja y negra, es la bandera de la victoria. Sentir el nuevo palpitar con tantos y diversos conflictos. Es heroico, como lo fue el Moncada en 1953. La conquista del fuego y la libertad, buscando y multiplicando siempre la mañana de la Santa Ana. Creíble, por sus encuentros y sus desencuentros.  Futurista, porque vence las normas y sacude el marasmo.

Este martes vuelve a parir la historia. Miles de avileños alzarán los brazos por la Patria, por todos, desde Maisí hasta San Antonio. Oriente y occidente. Faltan escasas horas para que el acto central sea luz y palabra. Sigan las cuentas claras, la promesa en pie y el fusil al hombro. Todo no está hecho. Se hará, haremos. Todo no está bien, pero se perfecciona. Es revolución, siempre transformadora. Ahora como nunca.

Amanece y a las siete ya todos en la Plaza. Cuba y sus cubanos viviendo su gloria redentora desde sus televisores o la radio. Pendientes del discurso y de las nuevas. Unidos como ahora por el sudor de fiesta de la víspera. Atentos al mañana, que más que rojo y negro, es la victoria.