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Excelente sol para anteojos

Texto y Fotos Graciela Guerrero Garay

Las sombrillas no tienen competencia por estos días en el oriente cubano. Roto el mito de que no es atuendo puramente femenino, las encuentras haciendo sombras encima de las cabezas de hombres, mujeres y niños en cualquier calle de esta ciudad Balcón, que abre puertas al este y el oeste la de Isla.

Sin embargo, las gafas, espejuelos o anteojos – como se les llama indistintamente- parecen no tener la misma prioridad, entre los atuendos de moda o utilitarios que marcan las tendencias del vestir en los meses estivales, donde el archipiélago cubano es rey del intenso fogaje del trópico y las altas temperaturas que marcan el termómetro, incluso bajo techo.

¿Son adeptos los tuneros a esconder la mirada bajo unos oscuros cristales, atrapados en marcos y formas que coquetean con el rostro y el ambiente? Agenda en mano, salimos a pulsar cómo se protegen y visten este verano por acá, la llamada tierra caliente de la Isla de la Libertad.

“Creo que las gafas son para los jóvenes – responde a la pregunta un señor de 61 años- Yo necesito espejuelos bifocales y no puedo estar en ese quita y pon, cuando tenga que usar uno u otro”. Y en una ojeada a la redonda noté que de 10 personas, contadas al azar, solos dos llevaban gafas oscuras. Eran muchachas que no tenían más de 25 años.

Mi mamá no me compra, dice Aleida Ortiz, con 8 años. En tanto, una docena de madres que entrevistamos por el barrio y locaciones cercanas del centro capitalino me dijeron que, entre los inconvenientes, estaba que muy pocas veces comercializaban gafas de sol para niños. Cinco declararon que nunca las han visto en los comercios.

“Dan onda, pero casi no se venden, más bien aparecen por ahí, que las traen de afuera”, alega una joven de 17 años  que las usa y suele “perseguirlas” a cualquier precio porque les gustan y no se adapta a estar sin ellas. Hasta las lleva a la escuela, alega.

Sin pretender hacer una investigación profunda, nos pusimos a observar los cientos de tuneros que recorren el  corazón de la ciudad. Muy pocos traían gafas de sol. Al tantear sobre el asunto, las respuestas coincidían en la ausencia de estos objetos en las ofertas de ventas ordinarias, su alto costo cuando alguien los importa y vende por su cuenta y todos, sorprendentemente, titubearon al definir su importancia para proteger los ojos del intenso sol que este verano del 2011 baña a Las Tunas.

¿PARA QUÉ USAN GAFAS MIS PAISANOS?

Para “bonito”, puede simplificarse en buena jerga insular.  Y como aseguró el anciano encuestado, la preferencia está en la juventud, con presencia equilibrada en hembras y varones, aunque las mujeres de mediana edad las llevan con más frecuencias que los hombres, en el contexto general del poco uso que se nota ante concentraciones más o menos numerosas de público.

Las sombrillas, mucho más utilizadas, destacan en las barriadas para protegerse del sol o la lluvia en distancias cortas, sobre todo en horarios del mediodía y primeras horas de la tarde, donde el astro es, al decir de muchos, una bola de candela.

LO QUE SE DEBE SABER DE LAS GAFAS DE SOL

Los especialistas en optometría en sitios recomendados como serios en Internet y en las bibliografías médicas aseguran que una buena elección de las gafas solares es imprescindible para cuidar la salud de los ojos, lo que convierte a la estética, la forma y el color de la armadura  en aspectos secundarios al momento de elegirlas.

Esta prescripción es casi desconocida por la mayoría de los entrevistados. Empero, sobre los espejuelos graduados o lentes de contacto, para corregir defectos visuales, tienen conocimiento técnico y dominan los riesgos de no usar los adecuados.

Resulta, pues, que existe una norma europea sobre gafas de sol (UNE) que las clasifica según los filtros solares en cinco categorías, determinadas por la absorción de la luz y los rayos ultravioletas. La CERO deja pasar un 80 por ciento de la luz visible y la recomiendan para ambientes de poca iluminación y personas que parezcan de fotofobia.

Para la ciudad, categoría UNO, son las de lentes ligeramente coloreados o fotocromáticos. DOS, las de practicar deportes. TRES, las de playas y montañas, ideales para el verano. Y CUATRO, zonas montañosas, esquí  y deportes acuáticos.

Conocer estos detalles es importante, lo mismo que saber que existen diferentes tipos de filtros: el marrón, que altera los colores tal como los percibimos, pero mejora los contrastes y es perfecto para el invierno y las alturas montañosas. El verde, factible para todos los usos y, muy especial, para los deportes náuticos. El gris, que muestra los colores de manera natural y es correcto para el diario y manejar, y el amarillo que aumenta el contraste y potencia la visión, por lo que se recomienda para conducir con niebla, los atardeceres y los deportes de movimientos rápidos.

SIN SECRETOS Y CON CORDURA

Unas gafas mal escogidas producen más daño a la retina que si no se llevan. Los rayos ultravioletas laceran esas ventanas que nos regalan la imagen de la vida, en tanto las radiaciones solares tienen un efecto acumulativo y la prevención del cáncer de piel y la agresión ocular nos reclaman responsabilidad y protección máxima.

Entonces este verano, que anda caliente caliente sobre el pavimento de la Isla y su tierra más ardiente, úselas sin olvidar que los cristales son los verdaderos soldados de sus ojos. Y eso del look, el “toque” y la elegancia también valen, pero con cordura. Hace un excelente sol para anteojos, pero la salud será siempre lo primero.