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Más que homenaje, es Cuba

Por Graciela Guerrero Garay

Los avileños, casi en el centro de la Isla, tienen esta vez el honor de vibrar por todos los cubanos para celebrar el 26 de Julio, Día de la Rebeldía Nacional. Una fecha que llega con motivaciones muy intensas para el pueblo de Cuba, por estar en vías de hecho la línea de acción que marcó la reciente celebración del VI Congreso del Partido con la aprobación de los Lineamientos de la Política Económica y Social de la Revolución, enfrascada en un proceso de cambios para el mejoramiento de la sociedad.

Empero, la nación entera está de fiesta amén de que faltan días para la víspera del aniversario 58 de los ataques a los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y de Bayamo, liderados por Fidel Castro respondiendo al ideal de José Martí de conquistar para siempre la libertad de la Patria y acabar con la dictadura de Fulgencio Batista, que tenía sumido al país en una desigualdad social y un baño de sangre humillantes.

La fecha es eso, un reencuentro cada vez más heroico con la historia y la misma voluntad – renovada y fortalecida- que sacudió a la Cuba de la década del 50 con el Movimiento 26 de Julio. Por eso la fiesta, ahora, no es jolgorio y pachanga, sino de trabajo y metas que lleven ese espíritu revolucionario y que permitan, como sucede en Ciego de Ávila, inaugurar obras comunitarias, cumplir planes productivos e impulsar tareas que necesiten de recursos priorizados y acciones precisas para avanzar.  

Ayer el canal Cubavisión televisó un reportaje de un edificio multifamiliar que se construyó donde había un basurero. El diseño del inmueble tiene la impronta de los nuevos conceptos urbanísticos con que se miran hoy los entornos citadinos. Y las familias beneficiadas manifestaban ese agradecimiento, muy justo, al gobierno cubano porque sólo un país socialista puede hacer estas obras sociales que dignifican al hombre y elevan su calidad de vida.

Una economía en trance, las importaciones superduplicadas en su costo, un bloqueo comercial y financiero que se recrudece y una nación envuelta en cambios estructurales no se detiene en inversiones de este tipo, a no ser, como Cuba, que tiene una voluntad política sostenida y empeñada en dar energías concretas a su decisión de hacer una Revolución de los humildes y para los humildes.

La celebración del 26 de Julio es Cuba, no un homenaje registrado en un glosario de efemérides. Es una mirada más cercana a los territorios que, de manera inteligente, cohesionada y cabal, vencen los parámetros de esta emulación nacional y reciben el estímulo de festejar con mejoras integrales sus planes económicos y sociales. Es una manera unida de hacer florecer ese esfuerzo cotidiano.

Y lo notable de esta alegría nacional es que la Isla entera la toma de pedestal para romper posibles inercias y avanzar, mientras hace fiestas en todos los municipios en la víspera y se recuerda por los cuatro vientos que estamos en 26, que siempre es 26.