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Por Graciela Guerrero Garay

Alguien me dijo alguna vez que economía era contar kilo a kilo y luego de sacar la inversión, el resto era ganancia. En diferentes cursos de postgrado en materia económica aprendí que una de las leyes elementales del mercado era ganar- ganar. Desde entonces me estoy preguntando dónde está la lógica o la conveniencia de que el mundo empresarial se planifique pérdidas.

En estos tiempos donde buscamos las coordenadas del fortalecimiento definitivo de la economía creo que los análisis deben ser cada vez más profundos y realistas, demostrativos de que verdaderamente miramos cara a cara nuestras insuficiencias y existe una voluntad colectiva irrevocable de no repetir una y otra vez los errores. Muchos cintos hay que aflojar y apretar en este complejo camino de la batalla económica.

Tenemos que encender esa luz larga que evita el tropezón a un metro de la nariz y más allá, para que no suceda como cuando aquellos planes de “opción Cero” de los momentos crudos del Período Especial, en que todos los organismos hicieron larguísimos proyectos para garantizar su pleno funcionamiento con cero todo y, al final, en la práctica cotidiana, se iba la electricidad y ni los mandados podían comprarse en la bodega porque en unas cuantas la oscuridad del local impedía hacer los vales de despacho y el pesaje de los productos.

Un ejemplo “pequeñito” de que nosotros mismos, así no más, incumplimos lo que acordamos y por lo que convocamos a un número exagerado de reuniones. Otro vicio que anda suelto todavía. En fin, que economía es más que producir. Es competencia consciente de que su éxito está desde la calidad del producto hasta la manera en que sonreímos al ofertarlo. Desde todos los cuadrantes hay que dar un salto de conciencia y eficacia.

Los recursos financieros y humanos, el patrimonio empresarial, los activos, gastos, inventarios, producciones ociosas, valor real y recargo comercial, etc. y etc… son vitales por su incidencia en los procesos que integran la gran rueda que echa a rodar cuando de economía se trata, más con un sistema como el nuestro donde proteccionismo y paternalismo conviven juntos y los bienes van y vuelven a la misma fuente, para revertirse después en riqueza y derechos colectivos.

Entonces me parece incongruente, sin menospreciar para nada el necesario control, que cada vez que se mueva una “ficha” anunciando una visita haya que salir volando para todas las dependencias e instituciones, en caravanas, a dar el tití  a los homólogos, cuando estos ganan un salario por sus funciones, reciben  asesoría, tienen abierta la superación y ocupan cargos que sugieren están en capacidad plena para ejercerlo.

Me pregunto si alguna vez se le ha ocurrido a alguien realizar un análisis económico de lo que se invierte y gasta en transportación, alimentación, horas de trabajo, salario y dietas para este estilo de trabajo, que muchas veces deviene rutina de oficina y facilita pasen a un segundo plano metas y tareas priorizadas, por esta “movilización de última hora” para chequear “cómo anda la cosa”  en municipios y centros de trabajo.

La decisión parece mágica: “hay que brindar ayuda metodológica”. O “para allá va Fulano (léase el superior inmediato al nivel correspondiente)  a ver cómo tienes la nómina o el programa X, que viene una visita y no sabemos a donde va”.  Todo eso quita la tensión y el dolor de cabeza. Limpia la imagen y está resuelto el problema. Al contrario, pero nadie parece notarle su lado maligno y apañador. ¿Por qué no se resolvió en la visita habitual de control?

Es fraude económico, autocomplacencia, doble moral, engaño y falta de credibilidad en quienes estudiaron, trabajan y cobran por una responsabilidad determinada. La cuenta final la paga el Estado con más pérdidas, por invertir más en lo mismo, por malgastar de manera estéril los recursos humanos y financieros.  Si se cumple el ciclo de inspección, ayuda técnica, asesoría o como le llamen en cada sector; si cada quien hace lo que tiene hacer, aprovecha la jornada laboral y actúa con el decoro laboral que exige ser lo mismo empleado que cuadro otra sería la historia.

Ganar la batalla económica necesita de conciencias transparentes, de altos espíritus autocríticos y de exigencia tajante. Dos y dos son cuatro, no hay que sacar otra cuenta.  El paternalismo empresarial es un enemigo doble. Huelga el comentario.