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Un punto de contacto clave: Cuba – Iberoamérica- Las Tunas

Por Graciela Guerrero Garay

Ya la décima y las tradiciones campesinas de los pueblos alzaron vuelo de canarios sobre el Caribe. Faltan horas para que la cuna de las canturías, el acogedor y campestre motel El Cornito, donde vivió el poeta bucólico Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, abra sus siempre abiertas alas para celebrar la Jornada Cucalambeana.  Las Tunas será guateque, controversia, repentismo y tonadas.

El mayor acontecimiento de este tipo en la Isla, que tiende cada año – unifica, fortalece- un punto clave entre Iberoamérica y Cuba. Un suceso que defiende la raíz cultural de las naciones que cuidan sus memorias y distinguen el valor de sus acervos. Un modo más de ser libres en la  Isla de la Libertad.

Cien invitados de América Latina y Europa se llegan al terruño Balcón del Oriente Cubano para compartir modos y talento al momento de revivir la historia que engendró desde el campo una expresión popular, netamente nacionalista y autóctona y que marca el diapasón ético – estético de una de las clases sociales más sufridas en la generalidad de los países.  Las Tunas, de manera especial, salva del olvido a los campesinos iberoamericanos. Es un mérito innegable de estas Jornadas Cucalambeanas que en cada edición son más de pueblo y más participativas.

La décima, la controversia, las tonadas, el repentismo, la improvisación, la artesanía y hasta el sabor y el olor de la cocina campestre se enlazan en los espectáculos culturales, programados con gusto y diseñados para que prevalezca el espíritu cultural de visitantes y anfitriones, en medio de un ambiente puro, alegre, bucólico y exuberante como resulta por sí mismo El Cornito, finca donde vivió y cantó a la vida en décima El Cucalambé, el poeta cubano más popular del siglo XIX.

Los tuneros esperan con placentera motivación el día de mañana, miércoles 30, para disfrutar de la apertura del evento campesino más importante del país, así como del amplio programa de actividades como la elección de La Flor de Virama, un certamen donde la belleza de las cubanas resalta por su virtud desde campo adentro;  revivir las emociones y la calidad del Concurso de Repentismo Justo Vega;  endulzar el espíritu con los nuevos valores que se encuentran en los niños;  aprender con los eventos teóricos que despiertan el intelecto popular y esa fiesta grande de pueblo que siempre será este encuentro.

Esta vez, siento que vale doble el esfuerzo por conservar las tradiciones culturales que Cuba y en particular la capital iberoamericana  de la décima, Las Tunas, hacen en medio de serias carencias materiales y un recrudecimiento morboso de las campañas mediáticas contra nuestro proyecto socialista, porque más allá del magnetismo y la trascendencia de la Jornada Cucalambeana emana la solidaridad entre los pueblos, la gente sencilla de nuestros campos, los ascentros del canto natural que brota como las estaciones.

Y vale porque mientras el imperio y su ambición fascista busca alianzas malditas para hacer la guerra y pone en peligro la vida de millones de seres inocentes, empezando por la semilla del hombre, los niños, acá en este Balcón del Oriente cubano se abren las puertas al amor y a la danza, a la vida y la esperanza, a la hermandad y la cultura. Por este gesto auténticamente revolucionario la Jornada Cucalambeana número 43 del campesinado iberoamericano es ya memoria histórica de la cultura que jamás podrán robarnos quienes, hoy, desde el podio del poder y la fuerza, se hacen dueños del mundo.