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Por Graciela Guerrero Garay

El azote del ciclón Ike resultó un impacto sin precedente para todas las generaciones de tuneros. Es un hecho innegable. Su choque fue objetivo tanto emocional como económicamente, pero también así de fuertes han sido sus enseñanzas.

En esto quiero detenerme, porque vivimos en momentos definitivos para recuperarnos de las avalanchas destructivas y ganar, en el menor tiempo posible, el camino hacia el desarrollo, ahora lleno de crudas dificultades en el contexto nacional e internacional.

No podemos cohabitar al margen de las reales amenazas de hambre y debacle económico que sacuden al mundo, del cual dependemos en las buenas y las malas. Trabajar con inteligencia, sentido previsor y práctico, con el mayor rendimiento y honestidad posible, es la única vía de contrarrestar sus consecuencias.

Todavía hay personas que no entienden, según comentan hasta de manera ligera y sarcástica,  en los lugares públicos, porque se adoptó la medida de quitar las “vendutas ilegales”. Otras protestan porque “solo hay boniato y yuca, que no se ablanda”. Muchos dicen que “ahora si nos morimos de hambre, porque ya nadie vende nada en la calle”.

Por favor, no se dejen arrastrar por la contracorriente. Los ilegales lo primero que estaban haciendo es estafándonos, multiplicando el precio de los productos, jugando con la necesidad y los sentimientos apremiantes que generan la escasez y la obligación de garantizar la alimentación familiar. Por lo general, son personas fuertes y aptas para aportar a la economía del país – de la que reciben todo como los que siguen trabajando, aún enfermos -. Y algunos son tan chabacanos e ingratos, que hasta por la falta de veinte centavos le han negado la mercancías al comprador, cuando todos sabemos que se llevan una ganancia que los obreros no acumulan ni en un mes de sol a sol.

El Gobierno nos está protegiendo, más cuando su infraestructura se ha desmantelado ante el evento ciclónico. Una vecina me contaba que un cochero, al pagarle los treinta centavos que establece la tarifa por kilómetro, le había tirado el menudo encima. ¿Cuánto irrespeto y alevosa agresión hay en esta acción? ¿Una multa, una denuncia, un decomiso, compensa tal acción contra otro ciudadano que, por demás, presupone sea un cliente que el sujeto de marras debe conquistar con cortesía y buen servicio?

Hay que sacar las moralejas cotidianas. Tenemos que romper esa mala inercia de que los salvavidas son los privados. Es objetivo que desempeñaron y todavía desempeñan un apoyo en medio de las complejas situaciones que el Estado aún no puede solucionar, pero esto no puede darle alas para violar la ley, ultrajar el sudor obrero y menos llevarnos a ser cómplices. Mi vecina, lamentablemente, no tomó la patente del coche y se limitó a recoger su dinero del suelo y seguir su camino. Así no, hay que sacar de circulación al que no merece estar entre los que luchan y se sacrifican.

Ike nos ha demostrado que hay unidad, que podemos obtener resultados superiores si laboramos con eficiencia y con la participación y conciencia colectiva. También que las decisiones hay que tomarlas con sentido práctico, socialista, previsor. Si piensa bien, ahora hay más prevalencia de productos en las placitas y la carnicería, y a mejores precios, que antes. La carne de cerdo, oferta de mayor prevalencia, está a 17 pesos y, por suerte, no como antes, que la tablilla decía una cifra –para que la vieran los inspectores- y te susurraban en la cara...Son 20.00 tía… Lo pagabas o te ibas sin ella. Actuemos, que toiticos no son buenos. El trabajador tiene que ganar el lugar relegado. Esta batalla es de la clase obrera, no solo del Gobierno.