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Con características propias esperan su Enero

Por Graciela Guerrero Garay

No todos los jóvenes cubanos están llenos del consumismo ni la retórica de inconformidad con que quieren estandarizarlos la prensa “libre” – yo diría la anticubana, la antilatinoamericana, la monopolista y la que paga bien la mentira dirigida -.

Tampoco son robots que levantan las manos porque sí y se suman a la vida social con una soga al cuello – como también los difunden por ahí y los generalizan como estereotipos una generación, también cubana, que se adhiere a la tecnología para “gozar” de una opinión que, según dejan constancia en muchos bloguees, no pueden decir por ningún lado.

Falacias mediáticas. El espacio de decir siempre ha estado abierto en Cuba. Es un sentido que se cultiva desde la escolarización, mediante la corrección consciente y pública de los valores que no se tienen y se pueden adquirir. Las llamadas asambleas pioneriles (en la primera enseñanza)  abren el camino hacia el rigor de estas mismas reuniones en los sucesivos niveles.

La familia, que en mayoría educa con madurez, ejemplo y rigor, es otra fragua constante. Hay tierra fértil para la buena semilla. Y hay cientos de miles de buenas semillas germinadas, saludables y dando frutos convincentes cada día. Esos, que van a la plaza contentos y optimistas, seguros y que aprovechan para su bien y el futuro social las disimiles oportunidades que les brinda la Revolución Cubana, ahora mismo, este Día de Navidad, vienen del trabajo y la universidad, las secundarias, los politécnicos, en sus bicicletas, a pie, en guagua y si hay fiesta en casa – como muchos lo hacen y lo han hecho siempre – se quedan.

Otros, retornan al teatro, a los bailables, los conciertos, las galerías, las discotecas y los espacios recreativos habituales de cada lugar, ahora con opciones revitalizadas por la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) para festejar el 50 aniversario de la victoria de Enero.

Este viernes, por ejemplo, llenaron las principales calles de la ciudad con una efusiva y patriótica marcha para manifestar la extraordinaria gratitud que los envuelve por tener libertad de caminar por sus barrios sin miedos, de apoyar sus conquistas sin custodia policial, de jugar sin camisa a la pelota o el futbol en los solares yermos cercanos al hogar e, incluso, en la misma vía, que si no es muy urbanizado y a veces resulta peligroso por el tránsito, dice de ese derecho pleno a no pedir permiso para sentarse en un parque, improvisar una descarga, cantar a pulmón y vivir la vida bromista y contagiosa de la Isla.

Pero también por estos últimos días de diciembre fueron cientos de cientos a donar su sangre voluntaria, para fortalecer las reservas de los Bancos de Sangres de los hospitales. Cada fin de semana se montan en camiones y se llegan al campo a cultivar plátano, verduras, granos, arroz y cuanto se esté preparando en la Agricultura para recuperar las pérdidas de los ciclones Ike y Paloma y buscarle rentabilidad alimentaria al futuro.

La alegría también reinó en las escuelas, con actividades culturales y deportivas, juegos de participación, karaokes, obras de teatro, pintura, picaron cake y montaron las mesas cubanas, donde cada estudiante trae un plato elaborado en la casa y se pone a “la sueca” para el deguste de todos. Esta iniciativa también se dedicó a homenajear a los maestros por el Día del Educador.

La principal arteria de la capital tunera, la avenida Vicente García, resultó esta semana una gran galería de artes plásticas. En cada esquina, en un tramo de casi medio kilómetro, los Instructores de Arte, nacidos de uno de los Programas Priorizados de la Revolución, dibujaron, pintaron murales, trajeron títeres, se escucho la danza, la guitarra, la poesía, se abrió un libro y todos los tuneros se hicieron partícipes del regocijo y la victoria.

La inauguración de una muestra fotográfica que abarca los principales logros de la Revolución en este medio siglo, recreó el homenaje desde la Casa del Joven Creador, enclavada justamente detrás de la Plaza Martiana, ese parque solar que habla de la historia cubana y de José Martí y que es el segundo de su tipo en América Latina.

Así andan hoy los jóvenes cubanos en Las Tunas y en todas las capitales del país, disfrutando su adolescencia, su Revolución y esa especial sensación de ser protagonistas de una obra, que con todas las imperfecciones que pueda tener, es una de las más justas del mundo y a ellos, exactamente, les garantiza desde que acaban de nacer una escolarización gratuita y un servicio médico que los salva de los desmanes que puedan tener los adultos de su entorno.

En pocas palabras, no importa de qué cuna vengan. Hay un médico, una enfermera y un sistema de vacunación que les preserva la vida, así como los mínimos alimentos para que crezcan saludables.

Por eso, en cientos de miles, van contentos a las convocatorias festivas y populares por la llegada del próximo Enero.