20200927151606-imag1676.jpg

 

 

Por Graciela Guerrero Garay     Foto: De la autora

Las Tunas.- Me atrapó la sugerencia del título. /Te bendigo, palabra vencedora, / por el fuego vital que te ilumina/... Esos versos de la primera entrega del poemario son una suerte de premonición y certeza de que era necesaria la reedición del libro “Todos los trenes pasan por Omaja”, del tunero Adalberto Hechavarría Alonso. Coincido con Roberto Manzano, en el prólogo, en que su autor “es un poeta en toda la anchura del término”.

Los 96 sonetos que nos regala saltan cualquier interferencia lúdica o terrenal y nos lleva, con cadencia y maestría, a quedarnos en su natal pueblito de historias, amores, personajes y complicidad arquitectónica sin que muchas veces entendamos por qué. Al mismo tiempo, una sensación de pertenencia nos traslada a otras geografías, vivencias, espacios y recuerdos…/ noche, ven como siempre tras el día/ y deshoja la luz de mi ventana. / No le temas al tiempo, que mañana/ volverás como siempre. / Todavía. /

La editorial Sanlope fortalece sus buenas facturas en las librerías con esta versión ampliada y corregida de la obra de  Hechavarría Alonso, de la cual tuvo sus primicias Letras Cubanas en el 2009. Esta vez se publica con cambios estructurales significativos que incluyen una veintena  de nuevos sonetos y se omiten otros de la primera edición, con una reorganización diferente a la actual.

Licenciado en Español y Literatura, el autor es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y son suyos títulos como “Herencia de la lumbre”; “Otra versión de la lluvia”; “A trino limpio”; “El sabor del tiempo” y “Los arrecifes de la espera”, entre otros, además de tener poemas registrados en varias antologías cubanas y de otros países.

“Todos los trenes pasan por Omaja” es un libro en el cual su creador propone el verso, invita y una al final acaba con el dulce sabor del catador y… / Anegado de paz pruebo la suerte/ en el más absoluto desconcierto/ y entre tanto lirismo descubierto/ no me acuerdo siquiera de la muerte/. Va a coincidir conmigo. No siempre un buen soneto decide comulgar en nuestras manos.