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Por Graciela Guerrero Garay           Fotos: De la familia

El 26 de agosto nunca será un día más. Cumplirías 96 años. Siempre quise escribir el torbellino de tu ausencia. Nunca tuve valor. Tampoco ahora lo tengo. Las letras se llenan de tu carácter fuerte. Tu voz determinante. Tus decisiones irrevocables. Tú presencia infinita, constante, añorada. Quebrada por esa partida absurda, repentina, tajante… como el recuerdo agradecido que me ahoga.

No fuiste perfecto, pero sé que estás en la luz de los que hicieron el bien y amaron con la virtud de la honradez y el sacrificio. Consejero nato y celador perenne de tus hijos, desde una dimensión tan propia que hoy comprendo era la suerte de talismán que encontraste para tratar de llegar a ese enorme concepto que tuviste de la familia y los amigos. Tu maravillosa utopía del amor y del hombre modelo, insuperable.

Por todo, estos 16 años de tu imprevisto viaje no existen. Estás en todas las semillas que dejaste robustas y que multiplicaste y cuidas desde esa estrella donde tú, papi, cada noche me das el halo bendito con que te abraza Dios. Y de nuevo tus manos me socorren, tu voz me levanta y tus ojos me muestran el camino. Este 26 de agosto nunca será un día más.  Es el amanecer profético de que la muerte es nada porque tú, mi viejo guerrero cascarrón, serás eternamente mi Papá.