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Por Graciela Guerrero Garay         Foto: Gianny López Brito

Las Tunas.- Me rebelo a utilizar el periodismo de datos cuando de accidentes del tránsito se trata. Si bien las cifras emiten señales del comportamiento de estas tragedias, son negativas hasta cuando disminuyen. Puede parecer una locura, pero siempre que escribo del tema me quedo con aquello de que si lo que realmente ayuda es analizarlo desde las estadísticas. Entre los números, duele todo. 

Y es que la supuesta “mejoría” del índice de accidentabilidad se hace, justo, a partir de la comparación. Es lógico, son fenómenos desgraciadamente medibles desde su ocurrencia y los daños consiguientes, ya sea en vidas humanas, lesionados o pérdidas económicas. Sin embargo, frente a historias de familias desgarradas, los mutilados que jamás olvidan y las heridas incurables de la psiquis que marcan a tantos otros… ¿resuelven los análisis cuantitativos?

Siento que no, sobre todo cuando las noticias hieren desde los medios  de comunicación o la triste vivencia se te incrusta, aunque no sepas quién o quiénes fueron los dañados. O el sobresalto aprieta el corazón cuando alguien sale de casa.  La confirmación es inobjetable: en Cuba ocurren diariamente 29 accidentes de tránsito. Un amplio análisis del sitio digital Cubadebate dice también que cada 52 minutos suceden por fallar, por ejemplo, responsabilidad y precaución.

Parecen no llegar las esperanzas de que acaben las notas luctuosas. Desde el jueves en Las Tunas se habla con tristeza de la fatalidad ocurrida en Robotham, una comunidad del municipio Majibacoa. En las primeras horas de la madrugada un accidente masivo causó la muerte a seis personas, entre ellas dos niños de siete y dos años. Eran de Mella, en Santiago de Cuba. Las investigaciones preliminares sugieren que el chofer,  también fallecido, lo venció el sueño o se distrajo ante el timón.

El carro, perteneciente al Sistema de Renta de Autos Transgaviota S.A de La Habana, chocó con un muro del puente y el impacto provocó que cayera a más de tres metros de altura y se incendiara. Unas horas antes, en la carretera de Jibacoa a Topes de Collantes, en Villa Clara, otro siniestro cobró una vida y dejó ocho lesionados. La accidentabilidad sigue ahí y sube un poco con relación al 2018, arrastrando igual toda su carga de dolor y familias destruidas.

Son muchas las voces que piden hacer algo para detener estos aciagos eventos. Se habla de mal estado de las vías. En Robotham la carretera estaba en perfecto estado. La Comisión Nacional de Tránsito pone rigor en las empresas transportistas de pasajeros, la recalificación de los choferes, los chequeos médicos y la revisión de la licencia de conducción. Sin embargo, se mantienen los reportes de conductores bajo el efecto del alcohol, con altas velocidades y distraídos entre la música de sus caseteras, los celulares o rodando a conciencia de que sus vehículos tienen desperfectos técnicos.

Entonces las cifras no me dicen nada, y un pesar impotente cubre mis letras al confirmar que Las Tunas hasta el cierre de julio computó 220 accidentes, 20 muertes y 201 lesionados, números superiores a los de similar etapa del año anterior. La piel me la eriza el hombre, con su irresponsabilidad e insensatez. Creo que la batalla empieza a ganarse cuando quien le acompañe el camino sea el policía. Puede parecer una locura, pero usted sabe de lo que le hablo. No dejen que jueguen con su vida. Manejar es muchísimo más que ser chofer. Para mí es pactar para siempre con la integridad de la cordura.