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Por Graciela Guerrero Garay                    Foto: Periódico 26

Las Tunas.-  Mucho coraje tuvo y tiene que “inyectarse” para sobreponerse a esas pesadillas que, 15 años después, le rompen las madrugadas y la obligan a sentarse en la cama con taquicardias, a pesar de salir ilesa de aquel accidente de motos junto a su esposo, quien padecerá eternamente de cojera. Desgraciadamente, aunque las cifras disminuyan en un período determinado estos trágicos eventos son justo eso, tragedias.

Los primeros tres meses de este calendario en Las Tunas lo tipifican, al acontecer 87 sucesos de ese tipo, los cuales bajaron las estadísticas a 17 menos que en igual fecha del 2018, pero hay que lamentar cinco muertes y 80 lesionados, además de las pérdidas a la economía estatal y familiar. El descenso de los números no quita complejidad a un fenómeno social de alto impacto, en el cual la negligencia humana es, la mayor de las veces, la causa real – visible o invisible – del mismo.

Dolor, alejamiento temporal del trabajo, secuelas físicas y psicológicas, gastos médicos y consecuencias inevitables de cualquier tipo y maneras siguen en pie, aunque se diga que las víctimas descendieron en cuatro respecto a similar etapa del año anterior. Hecho que si bien puede ser una señal de mejoría, no resta importancia a su prevalencia cotidiana, sobre todo allí donde el hombre, conductor o peatón, violan cualquiera de las reglas que garantizan la seguridad vial.

No siempre el mal estado de las carreteras debe cargar con la culpa. O al menos, la mayor culpa. Los análisis de los especialistas indican que los desperfectos técnicos ajustan cuentan en las estadísticas fatales. Vale, pues, empezar a depurar responsabilidades que vayan más allá del conductor, pues detrás de él – o delante – siempre hay un “superior” y si el carro es estatal… ¿?

Lo mismo debería suceder con los choferes, señalados por demás por el exceso de velocidad, los adelantamientos indebidos y la incorrecta atención al timón y la vía, fundamentalmente. Ante estas noticias conmovedoras y evitables en gran medida, muchas veces nos preguntamos si la medida de retirar puntos o la licencia por un tiempo es la más acertada, con la lección y la moraleja incluidas.

Al decir de mi amiga, hay algunos que merecen nunca más tocar un timón. O jamás debieron otorgarle el derecho de conducir, una manera de poner en sus manos el control de otras vidas cuando a las claras se ve no lo tienen de sí mismos, argumenta.

Volviendo a los números del primer trimestre, esta ciudad capital vuelve a ser el escenario de mayor incidencia de fallecidos, al tiempo que incrementó la cantidad de hechos de este tipo, junto a Puerto Padre y Majibacoa. Las volcaduras, los choques y el atropello a los peatones marcan los siniestros. Para continuar reduciéndolos trabaja sin denuedo la dirección provincial de Tránsito.

Sin embargo, hay un detalle que no se aparta de mi mente cada vez que salgo a la vía pública y observo, sobre todo los pasos peatonales… ¿no será prudente (susceptible de analizar a los niveles adecuados) añadir a las medidas que se adoptan el bajar más el kilometraje/hora permitido en la ciudad? Es increíble la cantidad de adultos mayores con bastones que circulan por las calles. A buen entededor, pocas palabras. Un 2019 con menos accidentes en sus primeros tres meses, pero… ¡Siguen fatalmente aquí!