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Por Graciela Guerrero Garay         Foto: Archivos de “Raíces de San José”

Las Tunas.- La promotora cultural y gestora del proyecto comunitario Raíces de San José, Carmen Ramírez Álvarez, adorna el rostro con la sonrisa del triunfo. No es vanagloria. El arduo trabajo hace metas posibles y el verano es activo y provechoso. Formaron el Club Ismaelillo y por la barriada conquistan las tertulias martianas, entre versos, danzas y conversatorios.

En el Círculo Social la música es cómplice de los pequeños Ariel y Lianna. Los viejitos del Hogar de Ancianos – otro centro vinculado- desde sus sillas de ruedas bailan y dejan los achaques a un lado. De pronto, como si cortaran el fluido eléctrico, cesa la música y la voz emocionada de Carmen, líder natural de esta comunidad suburbana, rompe el silencio: “Oigan tengo un mensaje para ustedes. Acaba de entrar a mi teléfono… qué alegría por Dios…”

La doctora Liset Cárdenas Chanco no escuchó los aplausos que siguieron a la lectura del email, pero grabaron todo para mandarlo de respuesta. “Te cuento que hicimos una campaña de atención médica gratuita por el cumpleaños del Comandante en Jefe, nuestro Fidel. Atendimos a más gentes que la vez pasada y luego los chicos que estudiamos en Cuba nos reunimos. Díselo a mis pacientes, a esa gente emprendedora que no olvido”.

Brotaron los recuerdos de cuando la muchacha peruana estudió medicina en la Universidad de Ciencias Médicas Zoilo Marinello, de esta ciudad, y por los nexos con el proyecto se unió al barrio y definitivamente a Carmen. Graduada, decidió quedarse para hacer las especialidades de Medicina General Integral (MGI) y Gastroenterología. La ubicaron en el consultorio médico 33, de San José. Allí estuvo un año y medio. Fue el clímax de su realización.  

Jamás Liset, quien vive en Ayacucho, rompió los fuertes lazos revolucionarios y espirituales que la unieron a tuneros y cubanos. Menos a esas personas con quien compartió el día a día de ideas, sacrificios y alegrías. Allá, en su lejano Perú, tampoco olvida y los agradecimientos son acciones, no palabras. Esas enormes consultas a sus coterráneos, “sin pensar en el dinero, como en Cuba” devienen continuar del amor solidario que llevó a su tierra.

El recién onomástico del líder invito de la Revolución fue momento para echar a volar por todas partes las palomas de la paz. Lejos estaban Carmen y sus vecinos de imaginar que mientras ellos, aquí, se reunían el 13 de agosto para  vincular el pensamiento martiano a Fidel, dedicarle mejores compromisos por su cumpleaños y animar con las programaciones del proyecto el descanso veraniego, Liset y sus colegas, comunidad adentro también, vivificaban los principios y enseñanzas de estos grandes hombres de la historia de Cuba.

Lo mismo sucedió cuando la presentación del libro “Escrito desde el banquillo”, de René González Sehwerert, uno de los CINCO y vicepresidente de la Sociedad Cultural José Martí. El Club Ismaelillo de “Raíces de San José” compartió con el Héroe de la República de Cuba y dejó esa huella de tradiciones campesinas que, magistralmente, interpretan los niños y jóvenes del coro de la barriada donde, a partir del proyecto, muchos malos vicios se esfumaron gracias al poder transformador de la cultura.

Es la semilla, dice Carmen con su sonrisa contagiosa y optimista. Ya sabemos da fruto en el lejano Perú en manos de Liset y sus colegas, pero en septiembre buscará nuevos talentos  por la escuela, las instituciones del entorno y los moradores que lleguen a San José, donde la vida es mejor ahora y se abren floridos trillos de virtud.