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Por Graciela Guerrero Garay        

Las Tunas.- Con las uñas siempre arregladas y la frescura que le incrustan al rostro esos turbantes que gusta ponerse “desde que era joven”, Elvira Pérez Pérez está  entre los más de 200 tuneros que superan la centuria en esta oriental provincia cubana, la de mayor esperanza de vida al nacer de la Isla y un envejecimiento poblacional acelerado desde el pasado siglo.

La doctora y máster en Longevidad Satisfactoria Xiomara Mercantete Rodríguez, especialista del Centro Provincial de Higiene y Epidemiología, dijo a 26 Digital  que en el país hay una política con objetivos bien definidos para la atención al adulto mayor y, en ese sentido, Las Tunas trabaja para que la calidad y estilos de vida de los centenarios sean óptimos, no solo desde lo institucional, sino desde la familia.

Al respecto puntualizó que prefiere hablar de acompañar al envejecimiento y no de enfrentarlo, para que esas personas longevas tengan una vejez feliz y saludable. Como responsable también de dicho programa desde la promoción de salud reconoce que mucho se ha hecho y hace en aras de garantizar esos términos medulares, pero falta aún lograr una mejor integración entre los diferentes especialistas e instituciones, en pos de eliminar las barreras arquitectónicas, un tema que hoy limita la atención esmerada que se brinda.

“Desde el punto de vista psicológico esto daña la salud mental de esas personas, pues ya se sienten seres discapacitados, que dependen de otros para andar, y de ahí la necesidad de trabajar en equipos multidisciplinarios para construir cualquier obra, y lo enmarco desde los hogares de ancianos, las Casas de Abuelo, pues hay que valorar en detalles lo que ese adulto mayor debe tener dentro de los mismos.

“Hablo, incluso, que si se va a remodelar o  hacer un baño hay que ponerle las agarraderas para que se sujete cuando se incorpore de la tasa sanitaria o use la bañadera. Son importantes los muebles que les damos. Todo, todo tiene que ver con el bienestar de la abuelita o abuelito que está allí o en el seno de su familia. De ahí el reclamo de aunar voluntades y respetar lo que está establecido”, resalta.

La experimentada especialista reflexionó que esos longevos no deben exponerse a los riesgos que presuponen los diseños urbanísticos actuales y quebrar su salud, pues llegaron a los cien años y más, y ello demuestra la prioridad que reciben los ancianos en esta capital y en los municipios, pero al tiempo hay que proporcionarles que disfruten esta etapa de la vida que es maravillosa y también de desarrollo humano, puntualizó.

Sin embargo, al requerir de cualquier servicio público u hospitalario no sola choca con el archirrepetido vocablo “barreras arquitectónicas”, sino que se somete a una serie de obstáculos visibles del entorno que psicológicamente, asegura la doctora Xiomara, les afecta su bienestar, la apreciación de utilidad que puedan tener de sí mismos e, incluso, llevarlos a un estado de pesar por el paso del tiempo y la vejez, cuando debe ser lo contrario.   

Elvira Pérez Pérez, como la mayoría de los centenarios, vive al cuidado familiar. Allí recibe gratuitos los servicios médicos, tiene protección alimentaria, amor y seguridad, como todos aquellos que están en las instituciones de Salud de forma permanente o temporal. He aquí la respuesta a quiénes se preguntan por qué en Cuba hay tantos longevos con cien años y más. O por qué más del 87 por ciento de los cubanos sobrevive a los 60 sin demencia, discapacidades o dependencia total.