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Por Graciela Guerrero Garay       Foto: Angeluis

Siempre Enero es de  José Martí, como para confirmar que será eternamente el primero y el más universal de todos los cubanos, desde las huestes mambisas. Eso explica  que por todas partes haya un ajetreo inusual, en la medida en que se acerca el 165 aniversario de su natalicio. Los más pequeños de casa, aun cuando no estrenan la pañoleta azul, hacen ya su propia historia.

El viento despeina a Edyanis y toma poses “artísticas” como Pilar con su sombrero de plumas, “porque la tía – como le llaman con cariño a las educadoras – me leyó los Zapaticos de Rosa”. Mientras, casi vuelve loca a la abuela para que le compre una muñeca negra.

Claudia, quien integrará una de las bandas rítmicas que participará en el histórico desfile del día 28, no deja de ensayar un minuto, pues para ella “es algo muy bonito, especial, llevar la batuta de mi escuela y hacerle el homenaje a Martí. Cuando esto pasa recuerdo mucho a mi tío abuelo, que le escribía décimas y siempre me decía que había que ser como él”.

La Edad de Oro sale del librero de Carlos “porque tengo que aprenderme la lectura de El Padre de las Casas, para un concurso que convocó el delegado y quiero ganar. Eso es importante en el barrio”.

Las Tunas respira por doquier aires martianos. Los centros de las distintas enseñanzas apuran las iniciativas que llevarán el domingo a la extraordinaria marcha de homenaje, para convertir su arteria principal en un regalo hermoso, demostrativo de ese agradecimiento eterno a su vida y obra, la cual dedicó a la Patria y a sus hermanos de América.

En tanto, los centros de trabajo hacen mítines y los murales exponen ese sentimiento profundo al Maestro que nació en Enero, para desde entonces llenar de luz todos los años y acompañarnos para siempre, porque como dice La última página de la revista más querida por todos “un padrazo es el hombre de La Edad de Oro”.  Suerte esta de ver el despertar en los ojos y los corazones más pequeños.