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Por Graciela Guerrero Garay      Fotos: Equipo de 26

No es fácil para nadie aceptar que los Leñadores de Las Tunas no ganaran el campeonato. Y no por aquello de que son tuneros y uno ama esta tierra de raíz, sino porque uno sabe que vinieron de cero y fueron dando luz a cada juego de esta 57 Serie de Béisbol. Y ahí justo está la victoria, al menos para mí.

Son Campeones, aunque tengan la medalla de plata, que es un ORO bien ganado, amén de que cada error punzó la esperanza o atrajo la derrota. Por ellos, siento, que esta lid nacional movió multitudes por el mundo, el terruño y el país. Despertaron un sueño que parecía dormir la eternidad.

Llenaron los estadios, movieron corazones, avivaron la pelota cubana y demostraron, sobre todas las cosas, que la unidad, el sacrificio, la entrega y la disciplina, en un deporte tan complejo e impredecible como éste, rinden frutos. Pero, más que ello, hicieron espectáculos dignos de guardar en la memoria de los partidos ilustres, si los hay.

Corroboraron tener garras de peloteros al jugar en buena lid con los campeones de Cuba, un equipo que igual demostró, desde siempre, que no tiene ese honor porque sí. Ya eso, para mí, da más brillo a esa medalla y trofeo que hace historia en el béisbol local y nacional.

Entonces, aunque el grito de Campeón en una final que ha sido un rompecorazones de principio a fin era el deseo mayor, pienso que una vez más debemos sentir un sano orgullo de nuestros Leñadores, porque tendrán siempre el mérito de estar entre los grandes del país y traer a estas  tierras del Oriente y Las Tunas la premiación de una Serie Nacional de Béisbol.

En el altruista abrazo de los dos equipos vimos, otra vez, relucir el oro que tienen el pecho y  dejaron sobre el campo en cada encuentro. Las lágrimas de Yosbany Alarcón son las perlas de la humildad y el decoro de nuestros peloteros. Yo una vez, más, me quito el sombrero. Alazanes y Leñadores son estrellas entre estrellas.